¿Qué falta en el PRSC?

MANUEL A. FERMÍN
Es innegable que después de la partida sin retorno del doctor Balaguer, el PRSC siente un gran vacío de liderazgo; sin embargo, por razones como ésta el mismo doctor Balaguer se lamentaba de no contar entre sus seguidores con un hombre de la fogosidad y la inteligencia del doctor Peña Gómez, aunque tal expresión fuera interpretada por muchos como una forma de barnizar la figura daltónica del fenecido líder negro de los “blancos”.

Fuera ésta o no la intención, la verdad es que al PRSC le falta el hombre que sea capaz por talento e ideas propias de llenar la plaza pública con el discurso fluido y creíble; que tenga no solo el entrenamiento para ello, sino que demuestre que tiene la capacidad de someterse a las vacilaciones de la improvisación con coherencia; que no arrastre o cargue el lastre de haber sido devorado por una febril ambición de mando; que no sea otro más u otra de las conciencias apaciguadas por los deseos inmoderados del peculado. Lamentablemente lo que alcanzamos a ver hoy día es hombres y mujeres escasamente dotados por la batalla.

De sus ofertas como hombres y mujeres públicos al pueblo soberano no pueden convencerlo porque no tienen un discurso con vocabulario apropiado; no hay balances verbales y solo aparecen como cotorras seducidas por las ambiciones de una oratoria y una obra incomensurable como fue la del doctor Balaguer.

De aquí que la organización política que por tantos años gozó del poder aparezca ante las preferencias del pueblo dominicano en tan escaso porcentaje de aceptación. No porque sea conducta propia de un caudillismo y/o personalismo que cuando desaparece deja ese vacío, sino porque sus dirigentes, jóvenes y adultos se dedicaban al proselitismo electoral solo en la zafra, obviamente la fatiga partidaria del día a día; del estudio y la formación constante. Juan Bosch tenía una típica personalidad caudillesca del liderazgo político, desde luego, menos deshumanizada que la del doctor Balaguer, por las condiciones propias del ejercicio del poder, pero esto no fue óbice para que emergiera la figura mansa y educada de Leonel, de una sólida formación política, con un enfoque de voluntad creadora sobre la brutalidad y la violencia del poder; un hombre de derecho, con un discurso fluido, convincente; sin radicalizar el concepto de las tendencias partidarias, e, inclusive, ha hecho de ello una expresión más democrática que las exhibidas en otras organizaciones políticas porque en el modelo expresado por él y sus seguidores se expresan no sólo los intereses de los suyos. Es decir, ha hecho una distribución simétrica del poder partidario.

En cambio en el PRSC todos los jóvenes aspirantes quieren ser Leonel Fernández, pero obviando faenar partidario e intelectual. No leen a los clásicos ni a los modernos, sus expresiones son vacías, carentes de estilo. Casi todos se han servido de lo transitorio. Los que desean ser escogidos por optar a la candidatura presidencial, todos nos muestran la decadencia del PRSC porque siempre son incapaces por sí mismos de llegar a convertirse en grandes.

Todos viven en desavenencias continuas e inútiles.

El más hábil manejador del malabarismo y la prestidigitación política, y por su total rendición al dinero, resultará impugnado de antemano, pues junto a los directivos escogidos, desplomados de fe en el partido que los sustenta, resultarían zarandeados por su colaboracionismo con gobiernos de turno; ninguno escapa a las interferencias indebidas; pocos salen ilesos a las apariencias de tener “autoridades por gratitudes” que le socavan las responsabilidades y oportunidades de tomar sus propias decisiones. Y así es realmente improbable que se deje de propiciar en gran manera el debilitamiento de los vínculos del PRSC con el pueblo dominicano.