¿Qué hacer?

¿Qué decir que no se haya dicho, Qué escribir que no se haya escrito? ¿Que el gobierno tiene la más formidable asociación de malhechores, integrada por una minoría de maleantes revueltos con dos o tres personas decentes que, extrañamente, parecen desconocer diabluras de sus compañeros que ruborizan hasta las estatuas de los héroes de la Patria.

Que los hijos de los hijos de los hijos de aquel señor nacionalizado dominicano, un tal Ali Babá, se juntaron en una parte de nuestra isla y lo acaparan todo y lo quieren todo y fuerzan la desaparición de negocios agobiándolos con impuestos y luego compran barato o instalan negocios similares a los quebrados. Qué decir que no se haya dicho ¿que sobrevaluan obras públicas, que venden la ejecución de otras a cambio de un suculento porcentaje, que permiten que desaparezcan las escasas medicinas que mandan a los hospitales, que dilapidan los combustibles, que se roban las dietas de los subalternos, que se compran y se venden las promociones, que se acaparan las becas para estudiar en el extranjero y se regalan a los hijos de seleccionados funcionarios?

¿Que se construyen escuelas sin que los primeros estudiantes sean los maestros que necesitan ser preparados para enseñar para que no repitan, como papagayos intelectuales, los conceptos contenidos en un libro con el que el educador intenta obligar a que los alumnos memoricen contenidos sin que asimilen lo conceptual?

¿Qué decir, que no se haya dicho de la actual nómina del aparato judicial, infeliz heredera de las sentencias prejuzgadas y enviadas a jueces que las acataban con una actitud de servilismo propia de los tiempos en que los señores de horca y cuchillo eran dueños de vidas y haciendas, honras y voluntades.

¿Qué decir de la actitud resignada con que aceptamos las inhumanas imposiciones, prácticamente sin chistar, como si fuera parte de un destino manifiesto que actúa entre nosotros como una maldición?

¿Qué decir sin que haya una protesta viril al ver cómo se endeuda el gobierno hoy, mañana, el otro día de más arriba y el mes que viene, aumentando la deuda externa de modo tal que parece que la administración tuviera una varita de virtud para afrontar los pagos.

Que decir de la forma en que la delincuencia desborda la fuerza pública y nos acorrala y nos empuja a escondernos de día y de noche, en un ejercicio de entrega voluntaria de nuestra “libertad de acción” en beneficio de una seguridad que no tenemos en el trabajo, en las calles, en las escuelas, en los centros de diversión, diurnos o nocturnos.

Ante la falta de respuesta hay que invertir la pregunta y decidir qué hacer. Estamos llegando al momento de la acción