Que la avaricia no rompa el saco

ALEXANDRA IZQUIERDO
A pesar de que el PRSC tiene más de 40 años de existencia y un largo historia de poder, ahora por primera vez los reformistas caminamos hacia una convención en la que se pondrá en juego nuestra capacidad como dirigentes políticos. Al no tener a nuestro servicio la sabia tutela de Joaquín Balaguer, tendremos que valernos por nosotros mismos para demostrar al país que somos hombres y mujeres con suficiente madurez, y nos hemos ganado el derecho a tener un puesto en primera fila en el escenario político nacional.

Nuestra condición se asemeja a la de varios hermanos que por la muerte del padre, se convierten en herederos de una inmensa fortuna, y una próspera empresa a la que los bancos, los suplidores y sus clientes le tenían confianza casi absoluta.

Por esa credibilidad estaba basada en el respeto ganado por la capacidad mostrada por el fallecido, no por la empresa misma. Existiendo otras empresas similares, los herederos deben mostrar con su conducta y habilidad gerencial, que merecen el mismo trato y confianza que recibía su padre. ¿Merecemos los herederos de Joaquín Balaguer ocupar el espacio político que él tenía en la sociedad dominicana?

Los reformistas tenemos que pasar esa prueba y la próxima convención es la primera parte de ese examen. Si no nos empleamos a fondo para obtener una buena nota, se nos hará muy difícil llegar en buenas condiciones al segundo examen que tendrá lugar el 16 de mayo del 2006 en las elecciones congresionales y municipales. Y si no logramos superar esa prueba, será una quimera plantearnos el siguiente escalón que son las presidenciales de mayo del 2008. Los reformistas tenemos que convencernos de que lo primero que necesitamos en un partido. Recientemente, nuestro actual presidente, Quique Antún, dijo que el partido es de todos los reformistas. Es así, y  tenemos que actuar en consecuencia.

Todos los reformistas necesitamos un partido,  pero quienes más lo necesitan, en primer lugar son aquellos que aspiran a ser candidatos presidenciales; en segundo lugar, quienes quieren ser senadores y diputados; en tercer lugar aquellos y aquellas que aspiran a ser síndicos, y en cuarto lugar, los y las que aspiran a ser regidores.

Visto así, todos necesitamos un partido y quienes más lo necesitamos somos los dirigentes que tenemos las mayores aspiraciones. Los partidos existen, precisamente, cuando muchas personas, cientos de miles de personas, con aspiraciones políticas se ponen de acuerdo y demuestran inteligencia para crear un cauce a sus anhelos.

Por debajo de ellos, necesitan un partido los cientos de miles de dominicanos que militando toda la vida en el PRSC, saben que no pueden aspirar a esas posiciones electivas, pero tienen ideales y pasión por la política, o les gusta disfrutar que su partido sea que gobierne. Nadie puede ser candidato sin partido. Esta sentencia tiene su mayor validez en el caso de la Presidencia de la República, porque es la posición electiva más encumbrada y de mayor poder y se escoge uno para cada cargo. Todos somos garantes del éxito, pero no es un equívoco plantear que a mayor ambición, mayor responsabilidad.

Pero, como sin partido no hay pretensión de poder que pueda satisfacerse, quienes tenemos las más altas aspiraciones tenemos la mayor responsabilidad de lograr los entendimientos que aseguren la existencia del partido.

Quienes aspiran a ser candidatos presidenciales por el PRSC, por tener el mayor grado de compromiso, deben ser los primeros en auspiciar el entendimiento necesario para lograr que los reglamentos que regirán la convención de mayo próximo sean transparentes y no estén por encima de los estatutos, y así sus resultados sean aceptados por todos.

Definitivamente, están equivocados, pero muy equivocados aquellos que postulan que obtendrá mayor ventaja quien tenga más capacidad de manipulación. Es un gran error suponer que quien haga más maniobras ahora, tiene asegurada la anhelada candidatura presidencial para los comicios de mayo de 2008.

Los procesos políticos son dinámicos y con frecuencia producen sorpresas. Por ejemplo, los tradicionales aspirantes a la candidatura presidencial reformista, pensaron que la muerte de nuestro líder les aseguraba esa posición, y ninguno pensó que podría surgir una nueva figura que les ganaría la convención como de hecho ocurrió.

Aquí es muy oportuno recordar el dicho popular que dice: la avaricia rompió el saco. Quien rompa el saco perderá dos veces. Primero perderá porque no tendrá partido, y segundo, perderá porque cargará con una grave responsabilidad que de seguro le deparará como destino el zafacón de la historia.

La mejor salida para los cabezas de grupo y para el partido es que ellos se pongan de acuerdo en llevar a la presidencia del PRSC un candidato de consenso que garantice equidistancia y puede conducir al reformismo hacia un liderazgo colectivo equilibrado que permita ganar la candidatura presidencial para el 2008 que provoque mayor entusiasmo en los militares reformistas y en la sociedad dominicana.