¿Qué pasa con nuestra competitividad turística?

La crisis financiera internacional y su impacto en la economía mundial ha comenzado a sentirse en los diferentes sectores productivos de nuestro país, y en particular en el sector turístico, lo que ha motivado que algunos hoteles estén contemplando cerrar temporalmente sus instalaciones a fin de contrarrestar esta situación.

En momentos tan cruciales hemos podido ver que en el 2008 la República Dominicana figuraba con el lugar 63 de 124 países en el índice de competitividad en viajes y turismo y actualmente en el 2009 figura con el lugar 67, significando que hemos bajado cuatro puestos en este informe de competitividad. Este descenso debe motivarnos a serios planteamientos sobre lo que puede estar pasando a nuestra competitividad turística.

El índice de competitividad en viajes y turismo, el cual es publicado anualmente por el Foro Económico Mundial (FEM) es una medida de aquellos factores que hacen atractivo realizar inversiones o desarrollar negocios en el sector de viajes y turismo de un país específico. Estos índices del FEM se preparan principalmente de 13 componentes que incluyen en primer lugar el marco regulador, en segundo lugar ambiente de negocios e infraestructura, en tercer lugar recursos humanos, culturales y naturales y así sucesivamente. Con estas evaluaciones se les crea un perfil a los países evaluados, el cual es complementado con estadísticas del Banco Mundial y con indicadores provenientes del Consejo Mundial de Viajes y Turismo.

Ya los empresarios turísticos criollos han dado la voz de alarma sobre la situación de la industria y las dificultades que restan competitividad al sector. Entienden que en esta etapa de cambios es necesario que se redefina de nuevo el enfoque de la gestión gobierno-empresarios, resultando con una política fomentada por el mismo gobierno que produzca las condiciones necesarias de estabilidad-productividad y reglas tributarias adecuadas.

Ahora bien, este enfoque de los empresarios no es nada nuevo; desde hace algunos años se ha venido reiterando sobre los cambios necesarios para aumentar la productividad y la competencia de la Rep. Dominicana como destino turístico. Tanto es así que en el mes de diciembre del año 2005 se dio a conocer el Plan Estratégico de Desarrollo Turístico de la Rep. Dominicana, pautado para diez años de vigencia y tiene como objetivo final “EI diseño de una estrategia de desarrollo turístico sostenible del destino Rep. Dominicana, que permitiría aumentar su competitividad respecto a las distintas ofertas existentes en el Caribe a nivel internacional”.

Sin embargo, parece que muchos de los planteamientos del estudio o no se han llevado a cabo o están obsoletos, pues a cuatro años de haberse creado dicho Plan, en vez de aumentar nuestra competencia, ésta ha ido en baja, ofreciendo nuestro país una imagen de debilidad frente al crecimiento de otros destinos competidores. Es importante tener en cuenta esta desaceleración en el ritmo de crecimiento que ha experimentando la industria en estos años, para poder redelinear la estrategia competitiva para los próximos años. Parece ser que solamente estamos tomando en cuenta la infraestructura existente de modernidad de los aeropuertos, carreteras, etc., quizás dejando a un lado otros factores que también inciden como es la burocracia para los proyectos de inversión y  la carga impositiva por la que atraviesa el sector turístico y que este ha venido denunciando continuamente, tales como impuestos internos, tasas aeroportuarias, impuestos de entrada y salida, a los carburantes, al transporte terrestre, a las marinas deportivas. También se debe incluir otros elementos básicos que afectan esta competitividad, como son el poco control sobre la criminalidad y la falta de eficiencia del servicio de energía eléctrica. Por otro lado, el empresario turístico dominicano debe tener en cuenta también la carencia de una real diversificación de la oferta turística en especial del mismo sostenible, así como de la calidad y profesionalidad de los servicios ofrecidos.

Todos estos elementos no resueltos generan presiones y negatividad sobre la competitividad del sector frente a otros destinos, desestimulando el flujo de inversión, tanto local como extranjera hacia nuestro país, así como su número de visitantes.

Para concluir, estos problemas no son nuevos y se discuten reiteradamente una y otra vez, creando comisiones y visitando comunidades pero sin realmente llegar a ejecutar las soluciones. Es nuestra esperanza, de acuerdo a las declaraciones que continuamente se lee en la prensa dominicana, que esté equivocada sobre estos planteamientos y que realmente estemos preparados para contener esta desaceleración en el sector más productivo de la economía dominicana que es el turismo.