Qué pésimo consejero!

Sin ningún género de dudas, yo sería el peor consejero para Miguel Vargas Maldonado. Porque, para darles una pista respecto de mi descalificación, habría procurado disuadirlo en relación con el pacto suscrito con el Dr. Leonel Fernández. Miguel concluyó un año atrás una confrontación con el Dr. Fernández. Tengo el presentimiento que su instinto debe advertirlo respecto de la clase de adversario que es el Dr. Fernández. Parte de los problemas que confronta el pueblo derivan de aquella lucha cívica.

En consecuencia ese instinto que debe guiar a los políticos debió indicarle a Miguel que el Dr. Fernández no se detiene ante nada para alcanzar sus objetivos. Si tiene que llenar el país de movimientos de captación de voluntades, lo llena. Después de todo aquello que maneja es del procomún y, por consiguiente, suyo. A un adversario de tan extraordinarias artimañas hay que enfrentarlo con sabias determinaciones. Una de ellas es cerrarle caminos sin que pueda contemplarse la mano que lo cierra. Y con el pacto suscrito Miguel abrió para el Dr. Fernández derroteros que el Dr. Fernández obstaculizó, él mismo, con sus ejecutorias.

Los partidos, por otro lado, son una suma de voluntades. Quien sea dilecto partidario de las restas debe dedicarse a otros quehaceres. Por cuanto se ha sabido, Miguel actuó sin tener de su lado importantes fuentes de poder dentro de la organización en la que milita. Por supuesto, acopió, con la celosa asistencia del Dr. Fernández, otras voluntades. Y no solamente recurrió a las sonrisas y los saludos. Heterodoxas herramientas propias del quehacer público dominicano consolidaron la maniobra.

Pero un partido es una suma y no una resta. El pacto contiene textos no legibles. Quien haya tomado artefactos mecánicos, eléctricos o electrónicos a crédito sabe de la letra chiquita de los contratos. El convenio de Miguel con el Dr. Fernández, por suerte, está libre de letras chiquitas. En cambio, en él abundan los contenidos intranscritos. Es probable que Miguel calcule que esos contenidos podrán servirle dentro de tres años. Para que tales contenidos sean efectivos precisará de la celosa asistencia del Dr. Fernández. Reposar en ese lado de la almohada es para él un riesgo mayúsculo.

Porque Miguel firmó a cuenta de un pretenso fortalecimiento de su influjo personal. El Dr. Fernández firmó a cambio de regalar el cuatrienio venidero asegurándose toda su vida política porvenir. En el toma y daca el ganador es el Dr. Fernández. En este momento, debido a las características de la población política que hemos formado, Miguel cosechará aplausos, pero nada más. Porque en la medida de las insatisfacciones que sobrevendrán, las adhesiones irán decantándose.

Por todo lo dicho, yo le habría aconsejado a Miguel que no pactase. Y como pueden observar, yo sería un pésimo consejero para Miguel. Porque en este momento, el sol parece brillar sólo para él. Todas las tardes, sin embargo, al ocaso, el sol suele ocultarse