¿Qué podría decirle el FMI a  Europa para salva la eurozona?

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Martin Wolf
Puede el Fondo Monetario Internacional (FMI) salvar la eurozona? No. Pero sí puede ayudar. El mundo, cuyos intereses el FMI representa, tiene participación en lo que sucede. Eso le da al FMI el derecho de actuar. La pregunta es cómo.

El mundo ha alcanzado una nueva etapa de la crisis que incluso es potencialmente más devastadora y la cual emergió en los países avanzados en el verano de 2007. Su epicentro es la eurozona.

Indispuestos a enfocarse en el paciente críticamente enfermo, los líderes de la eurozona emplean su tiempo en diseñar un régimen de ejercicio para asegurar que nunca tenga otro ataque cardíaco. Esta es la actividad de desplazamiento.

En la opinión de muchos legisladores fuera de la eurozona, “ellos no entienden”. Sus miembros, con Alemania por encima de todos, el más importante jugador, parecen paralizados por las políticas domésticas. Eso no es sorprendente, ya que las políticas siguen siendo nacionales. Pero también indica que a lo mejor el proyecto era prematuro, y a lo peor inoperante.

La última perspectiva económica de la Organización para Cooperación y Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés) pinta un cuadro tétrico. Aunque la catástrofe sea evitada, la economía de la eurozona se pronostica que se estancará el año próximo. Pero, según denota la OECD, “quedan serios impactos perniciosos”. Además, “un hecho tan negativo muy probablemente enviaría el área de la OECD en general hacia la recesión, con marcados declives en EEUU y Japón, y una prolongada y profunda recesión en el área del euro”. Incluso los mercados emergentes sufrirían.

¿Qué tan mal se pueden poner las cosas? La OECD explora un escenario negativo que comienza desde el impago soberano desordenado en la eurozona. Los resultados de tales eventos son impredecibles. Pero el impago por un país avanzado significativo es posible que sea un enorme impulso hacia la confianza. Los efectos adversos serían sentidos directamente, y por vía del contagio, tanto los mercados e instituciones financieras como en las soberanas. Otros países pueden ser directamente afectados por la necesidad de rescatar sus bancos. Mientras tanto las economías se debilitan, las posiciones fiscales entrarían bajo mayor tensión en todas partes. Un vicioso espiral descendente en la confianza y la actividad podrían emerger, con resultados mucho más allá de la misma eurozona.

La salida de la eurozona no necesariamente le seguiría al impago soberano. Pero ese resultado no podría descartarse. La OECD usa lenguaje apocalíptico: “La caída política sería dramática y las presiones para la salida del área del euro podrían ser intensas. Tal turbulencia en Europa, con la destrucción masiva de la riqueza, las bancarrotas y el colapso de la confianza en la integración y cooperación europeas, resultaría muy posiblemente en una profunda depresión, tanto en los países que se queden en el área del euro como en los que dejen de formar parte de esta, así como también en la economía mundial”.

Entonces, ¿qué es lo que hay que hacer?.  Primero, se necesita un compromiso creíble para contener el contagio, para los bancos y para los mercados soberanos. Una posibilidad sería garantizar el financiamiento de la renovación de las deudas públicas y los déficits fiscales para Italia, España y Bélgica para los años 2012 y 2013. Eso costaría hasta 1,000 millardos de euros, incluso en el caso de que sea suficiente para frenar el contagio, dada su actual extensión. Los recursos necesitados podrían llegar del apalancamiento de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera, o del Banco Central Europeo, o de ambos, con el primero asumiendo el riesgo de pérdida y el BCE ofreciendo liquidez. En el largo plazo, un eurobono condicional puede proveer una respuesta factible, como ha argumentado John Muelbauer del Nuffield Collage de Oxford.

Segundo, la eurozona debe tener políticas para el crecimiento y el ajuste económico. Además, estas no pueden ser solamente sobre el lado del suministro. La eurozona ahora claramente sufre de deficiente demanda agregada. Asimismo, los países más vulnerables no serán capaces de recuperarse sin una restauración de su competitividad externa. Sin eso, ellos están condenados a una espiral descendente de la austeridad fiscal, el debilitamiento de la demanda, un desempleo más alto, pobres resultados fiscales, y luego, aún más austeridad. En los años antes de la crisis el superávit financiero de las familias de la eurozona era absorbido por los déficits de las corporaciones no financieras y, a una menor extensión de los gobiernos. Después de la crisis, los déficits corporativos desaparecieron, dejando sobre los gobiernos la carga de apoyar la demanda. Si los déficits fiscales están en vías de desaparecer, las familias, al igual que las compañías tienen que gastar más. La política debe ayudar a lograr esto.

Tercero, la eurozona también necesita reformas a largo plazo que se ocupen de su real debilidad. Pero estas fracasarán en el caso de que Alemania insista en que la disciplina fiscal es todo lo que importa. La indisciplina fiscal no fue lo que causó esta crisis. La indisciplina del sector financiero y del sector privado más amplio, incluyendo de los prestamistas en los países centrales, fue aún más importante. Si la eurozona introdujera reformas para hacer que funcione mucho mejor en el futuro, antes que para continuar como una máquina que genera insolvencias financieras y fiscales en los países más débiles, la confianza retornaría.

¿Qué rol puede jugar el FMI? No mucho. A este le falta el potencial: el total de sus recursos utilizables es sólo de alrededor de $440 millardos.

Cierto, puede producir más dinero de los países foráneos interesados, pero no puede esperar compensar la renuencia de los principales jugadores de la eurozona en proveer el apoyo que necesita. Aunque este tenga los recursos, los programas para los miembros individuales seguramente fracasarían. El único programa que tendría sentido sería uno para la eurozona en general, ya que los programas para los países afectados tendrían que incluir una proyección razonable para una más alta demanda agregada de la eurozona.

Sin eso hay poca oportunidad de éxito por parte de Italia o de España. Irlanda puede ajustarse como una economía abierta y pequeña desplazando la producción comerciable a otros lugares, donde sea necesario. Si Italia y España trataran de hacer esto, estarían participando en un esfuerzo costoso y probablemente sin esperanza, empobreciendo a sus vecinos: costoso porque la forma principal de hacer eso sería disminuyendo los salarios por vía de un desempleo aún más alto; y sin esperanzas debido a que la ventaja competitiva de Alemania es demasiado fuerte.

Entonces, ¿cómo puede ayudar el FMI? Ahora es el momento de lo que John Maynard Keynes llamó “la implacable búsqueda de la verdad”.

¿Y cuál es la verdad que se debería decir? Es que la eurozona tiene una alternativa entre las alternativas malas y las calamitosas. La mala alternativa serían políticas radicales para promover el ajuste, mientras se espera una oleada de reestructuraciones de deuda soberana, crisis financiera y una depresión real. La alternativa calamitosa es la depresión, junto a la interrupción del proyecto. El FMI podría hablar por los intereses del mundo en el menos malo de los resultados. La eurozona sola puede hacer la elección.

Las claves

1.  Pregunta clave

¿Puede el Fondo Monetario Internacional (FMI) salvar la eurozona?

2.  Nueva etapa

El mundo ha alcanzado una nueva etapa de la crisis que incluso es más devastadora y la cual emergió en el verano de 2007.

3.  Alternativa

La eurozona tiene una alternativa entre las alternativas malas y las calamitosas. La mala alternativa serían políticas radicales para promover el ajuste, mientras se espera una oleada de reestructuraciones de deuda soberana.

La cifra

 1,000 millardos de euros. A eso asciende el financiamiento  de las deudas públicas y los déficits fiscales para Italia,  España y Bélgica.

VERSIÓN AL ESPAÑOL DE ROSANNA CAPELLA