Que se abra un gran debate

El hecho de que haya importantes disparidades de criterio en torno a los métodos más apropiados para enfrentar la creciente delincuencia, indica que nuestra sociedad necesita un gran debate sobre este  tema, que permita actualizar conceptos y rectificar errores.

En estos tiempos los disentimientos están concentrados en si es prudente o imprudente el código de mano dura que la Policía aplica y defiende, pero entendemos que concentrar tanta opinión en este solo aspecto y relegar todas las causales de este estado de cosas  es una forma de empeorar el problema, en vez de resolverlo. Por mucho tiempo esta ha sido la visión y eso explica que estemos como estamos.

De manera contradictoria, hemos modernizado algunos instrumentos de la fase represiva de la delincuencia, pero seguimos rezagados en materia de prevención y en nuestros criterios sobre todos los afluentes que han conducido al actual desbordamiento de la conducta social.

Como fenómeno social, la delincuencia se incuba y alimenta de las perturbaciones familiares que se manifiestan en expresiones de violencia, irresponsabilidad paterna, falta de oportunidades de educación y trabajo, erosión de los valores morales y otras variables que hay que llevar a debate para trazar una política de prevención y modificar los  patrones basados en el exterminio del sospechoso, y con él, del principio de la  presunción de inocencia.

 

Mucho cuidado con la frontera

El robo de ganado está provocando una situación indeseable en la frontera. Hay querellas mutuas de dominicanos y haitianos, culpándose por la desaparición de reses. En medio de esta situación, haitianos entraron a Dajabón y secuestraron a dos choferes dominicanos para exigir que les fueran devueltas reses que les habrían sustraído dominicanos. Por fortuna, los secuestrados fueron devueltos sanos y salvos después de la intervención de las autoridades de ambos países.

Aún con este desenlace, es sumamente grave que haitianos incursionen en territorio dominicano para secuestrar gente. El robo de ganado ha degenerado en secuestro de seres humanos. Las autoridades de ambos países deben tomar en serio estos acontecimientos, para frenar las vías de hecho y evitar un conflicto de envergadura. Hay que arreciar la persecución de los cuatreros que mantienen en zozobra a los ganaderos dominicanos de la frontera.