Qué se dice

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¿Qué estamos esperando?.-  El terremoto que devastó al vecino Haití, con quien compartimos La Hispaniola al igual que una importante falla geológica que atraviesa largo a largo la isla, nos obliga a mirarnos en el horror de ese espejo, sobre todo después del daño sufrido por  más de 100 escuelas públicas en distintos puntos del país. El Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA) de la región Norte dio a conocer la semana pasada los resultados de una evaluación hecha a las edificaciones de la zona luego del terremoto, donde se  revela que el 47% de las obras privadas y el 66% de las públicas no cumplen con las normas de diseño relativas a la resistencia a los sismos.

Y lo más escalofriante: dentro de esa evaluación (atención Melanio Paredes), las escuelas resultaron ser las menos resistentes, presentando problemas de construcción en un 91%. La evaluación del Codia confirma los temores de geólogos y especialistas en sismología sobre la vulnerabilidad de una gran parte de las edificaciones, públicas y privadas, de República Dominicana, razón por la cual han venido reclamando y sugiriendo por distintas vías y medios que se inicie de inmediato una evaluación, empezando por las escuelas y los hospitales, para determinar los niveles de resistencia a los sismos de sus estructuras, y que se proceda a reforzar aquellas  que así lo requieran.

Los dominicanos tenemos la bien ganada mala fama de poner el candado solo después de que nos roban, es decir cuando ya es demasiado tarde. Confiemos en que en esta ocasión, teniendo tan cerca –como quien dice en nuestro propio patio– el doloroso ejemplo de lo ocurrido en Haití, no esperemos sentir el lacerante hedor  de los cadáveres  para ponernos manos a la obra.