Qué se dice

Alborotando las avispas
La renuencia del doctor Roberto Rosario a revelar los presupuestos de los precandidatos del Partido de la Liberación Dominicana, como se le ha estado solicitando desde los partidos políticos y algunos medios de comunicación, va camino a convertirse en otra tormenta en un vaso de agua, y además completamente gratis. ¿Por qué remitir a la ley de Libre Acceso a la Información Pública a los medios que desean saber cuánto gastarán Danilo Medina, José Tomás Pérez y el presidente Fernández en sus campañas si no se procedió de igual manera con los precandidatos del PRD? El doctor César Francisco Féliz, miembro titular de la Cámara Administrativa del tribunal de comicios, la misma que preside el doctor Rosario, declaró ayer a El Nacional que no ve ningún inconveniente en dar a conocer, a todo el que esté interesado, esos datos, pues es responsabilidad de sus miembros actuar con transparencia para no defraudar la confianza depositada en ellos por la ciudadanía. Si el doctor Rosario ha decidido, por algún motivo hasta ahora desconocido, alborotar las avispas en la JCE, alguien debe informarle que va por muy buen camino.

Represión

 Es evidente que a la Policía Nacional se le fue la mano, además de la macana, al disolver a tiros, bombazos y golpes una marcha de produtores de arroz en la comunidad El Factor, en Nagua, que decidieron protestar de esa manera ante la renuencia del gobierno a autorizar un incremento en el precio del cereal que venden a los molineros, la única medida -alegan- que puede salvarlos de la quiebra. No hay dudas de que la democracia dominicana se ha ido consolidando de manera más o menos consistente durante los últimos treinta años, por lo menos en eso que los politólogos y demás estudiosos llaman “democracia electoral”, pero desgraciadamente no tanto como para que la institución del orden abandone sus viejos y antidemocráticos métodos para reprimir y conculcar el derecho a la protesta de que goza todo ciudadano o ciudadana.

Un oficio muy peligroso

 Ser miembro de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) se ha convertido en un oficio muy peligroso en este país, mucho más incluso que dedicarse al motoconcho, que ya es mucho decir. El mayor general Radhamés Ramírez Ferreira, presidente de la DNCD, dice que desde agosto del año pasado a la fecha sus agentes han sido objeto de 117 ataques a tiros, botellazos y pedradas durante los operativos y allanamientos que han realizado. La situación es tan alarmante que el fiscal del Distrito Nacional, el doctor José Hernández Peguero, prohibió a los fiscales adjuntos acompañar a la DNCD en sus operativos, pues su falta de entrenamiento militar los hace muy vulnerables a los ataques que reciben, cada vez con mayor frecuencia, de los narcotraficantes. De lo que se está hablando, por si no se han dado cuenta todavía, es de una guerra abierta y frontal contra un enemigo cada vez más desafiante y poderoso.