Qué se dice

[b]Un lamentable olvido[/b]

Como se trata de una de las pocas buenas noticias que hemos recibido últimamente no quisiéramos ser demasiado severos o inconsecuentes, pero tratándose de un olvido tan lamentable, no hay más remedio que preguntarse cómo pudo suceder. El decreto que exonera de impuestos los libros y revistas importados señala, en uno de sus considerandos, que esa disposición se ha tomado “en razón de que son materiales educativos necesarios para el desenvolvimiento de la cultura y las acciones docentes en general”. ¿Se considera, entonces, que los libros producidos aquí por nuestros editores, escritores e intelectuales no contribuyen al desenvolvimiento de la cultura? ¿O acaso los libros de texto con los que estudian nuestros hijos, también producidos localmente bajo la supervisión de la Secretaría de Educación, tampoco reúnen esos requisitos? Claro que sí, pero en las prisas por atender un reclamo tan válido como el de los libreros a nadie se le ocurrió pensar que no ofrecer igual tratamiento a quienes producen y editan libros, revistas y otras publicaciones en el país, importando toda la materia prima que utilizan, los coloca en una posición desventajosa a la hora de competir con las grandes editoriales extranjeras. Pero todavía hay tiempo para corregir esa omisión, y medir a todos con la misma vara.

[b]Categorizaciones[/b]

Ese era un lío que se veía venir, sobre todo después que los resultados de la categorización de los colegios privados fueron colocados en el internet, a disposición de los interesados, y quedaron evidenciados algunos resultados ciertamente sorprendentes, como el cero en profesionalización de su personal docente que obtuvo el Carol Morgan, el más caro del país. Esos resultados, lógicamente, llamaron la atención de los padres, que ni cortos ni perezosos acudieron a los colegios a preguntar porqué, si pagan tanto dinero, ahora resulta que no están a la altura del prestigio que proclaman y por el que cobran altas tarifas. Por eso el conversatorio organizado por Intec para discutir sobre la categorización se convirtió en un paredón para el director de colegios privados de la Secretaría de Educación, Aziz Mahfoud, a quien los directores de esos centros reclamaron que se enmienden los numerosos errores en que incurrieron quienes realizaron la evaluación, pero mas que nada que explique porqué no tomaron en cuenta la calidad docente de esos colegios. Nosotros nos hacemos la misma pregunta.

[b]Rompiendo el círculo[/b]

Por supuesto que va a representar mucho esfuerzo para nuestros policías, hechos a la medida de una institución que se aferra, con uñas y dientes, a sus “derechos adquiridos”, someterse al procedimiento de tener que leerle sus derechos constitucionales a los ciudadanos al momento de ser detenidos, como lo exige el código procesal penal que entrará en vigor el próximo año. El Procurador General de la República, el doctor Víctor Céspedes Martínez, está consciente de las resistencias que tiene por delante para la aplicación de las nuevas medidas, aunque se mostró confiado en que la Policía le dará, finalmente, cabal cumplimiento. ¿Que se trata de normas propias de países “civilizados”, donde se respeta y se hace respetar la ley? Eso es verdad, pero algún día habrá que decidirse a romper el vicioso círculo que nos mantiene prisioneros de nuestras miserias institucionales. Ese momento, al parecer, ha llegado.