Qué se dice

Trabajando para el enemigo- Decirlo a estas alturas, y tratándose de un fenómeno tan conocido, puede parecer una perogrullada, pero la gran fortaleza del narcotráfico es su capacidad de infiltración de los organismos responsables de su persecución, a cuyos miembros  convierten en sus cómplices, socios o protectores.

El apresamiento de cinco capitanes, cinco primeros tenientes y un teniente coronel, entre otros miembros de menor rango de la Policía y el Ejército Nacional, por su vinculación a un alijo de 700 kilos de cocaína que serían enviados a Europa  a través del aeropuerto de  Punta Cana, simplemente nos ha recordado, de manera dramática, hasta dónde puede llegar esa infiltración, y por tanto hasta qué punto es un  problema grave al que las autoridades  tienen que buscar remedio, empezando por mejorar los mecanismos  de vigilancia y supervisión de sus actividades extracurriculares.

Por supuesto, eso no es suficiente, sobre todo si está de por medio el dinero corruptor que los narcos reparten a manos llenas como pago por los  “servicios” que reciben (se dice que los apresados recibieron 2.5 millones de pesos para facilitar la salida del embarque) de quienes deberían perseguirlos. ¿Cómo pedirle  a un malpagado capitán del Ejército Nacional que resista la tentación de ganarse 25 mil dólares por tan solo “proteger” un cargamento? Con razón el narcotráfico siempre anda unos  pasos delante de las autoridades, que de ninguna manera pueden pagarle tan bien a sus miembros.

Claro está, el hecho de que la DNCD,  con una paciente labor de inteligencia y el valioso apoyo logístico de los Estados Unidos,  haya podido desmantelar una red tan importante demuestra que nuestras autoridades tienen la capacidad  para golpear el narcotráfico  donde más le duele, pero todavía sigue siendo una asignatura pendiente evitar que tantos de sus miembros sean víctimas de la tentación poniéndose al servicio  del enemigo al que deberían combatir.