Qué se dice

CLAUDIO ACOSTA
c.acosta@hoy.com.do
Campo de batalla-. Resulta difícil creer  que gente tan bien dotada, jurídicamente hablando, como el doctor César Pina Toribio, delegado del PLD  ante la Junta Central Electoral y Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, no sepa que el tribunal de comicios carece de competencia para determinar si el ingeniero  Miguel Vargas Maldonado, candidato presidencial del PRD, se benefició de manera ilícita de su relación de negocios con el presidente de Panamá Martín Torrijos durante su desempeño como secretario de Obras Públicas en el pasado gobierno, conclusión a la que se puede llegar sin necesidad de ser un jurisconsulto ni cosa parecida, pues  basta tan solo con tener  los dos dedos de frente reglamentarios.

Es evidente, entonces, que de lo que se trata es de una  estrategia electoral destinada mas al consumo mediático que de la JCE, pues forma parte de una guerra de propaganda en la que el objetivo es el candidato perredeísta y el propósito golpear su flanco más vulnerable: la forma en que logró amasar su cuantioso patrimonio personal. ¿Ignoran los peledeístas que su estrategia contribuye a sobrecargar de trabajo a los miembros del tribunal de elecciones? Resulta difícil creer que gente tan bien dotada, políticamente hablando, como los peledeístas, no se den cuenta de que la JCE, en este tramo final de la campaña, lo que necesita es concentrar todo su tiempo y energías en la organización de unas elecciones confiables y  transparentes, libres de cuestionamientos y dudas, y no perderlo en la dilucidación de asuntos completamente ajenos al proceso electoral. Desde luego, de esta situación no se  puede  culpar tan solo   al PLD, cuyos estrategas  han hecho  uso de las mismas armas que han utilizado antes sus enemigos, sino también al  resto de las  organizaciones políticas, que parecen haber olvidado  que las verdaderas elecciones son el próximo 16 de mayo,  por lo que convertir a la JCE en anticipado campo de batalla es una miserable forma de perder el tiempo y de hacérselo perder, también, al tribunal de elecciones y a sus ajetreados miembros.