QUE SE DICE

Ya no es posible seguir diciendo, sin faltar a la verdad, que tal o cual producto de consumo masivo alcanzó niveles históricos en su cotización, pues a estas alturas de la crisis está demostrado que, en materia de precios, la historia se escribe todos los días. El pollo, la carne más consumida en la dieta de los dominicanos y las dominicanas, superó ayer la barrera de los 30 pesos la libra, y lo peor del caso es que nadie, absolutamente nadie, está en capacidad de ofrecer garantías ciertas de que esos precios se quedarán ahí. La situación ya está provocando gran incertidumbre, sobre todo en gente que aún se aferra a ciertas tradiciones, como por ejemplo la Navidad. Y se pregunta, esa gente, si al ritmo que vamos será posible darse el lujo de servir pollo en la cena de Nochebuena, o habrá en cambio que hacer un “serrucho” entre familiares, amigos y vecinos para evitar que una tradición tan entrañable pierda su sabor.

Pregunta al aire

El presidente Mejía no será tanto como el relacionador público del doctor Leonel Fernández, como lo definió ayer el licenciado Hatuey Decamps, aunque sí resulta evidente, porque lo repiten hasta el hartazgo las encuestas, que el principal beneficiario del severo desgaste sufrido por el gobierno lo es el Partido de la Liberación Dominicana y su candidato presidencial. Esa realidad, imposible de soslayar, hace tiempo que es del conocimiento de los estrategas al servicio de las principales fuerzas políticas del país, incluídos -por supuesto- los que asesoran al mandatario, y es de suponer que será la principal materia prima para el diseño de sus campañas de cara a las elecciones del 2004. La diferencia quizá radique en que el PLD y su candidato, que en estos momentos corren solos por el carril de adentro, como dirían los hípicos, saben exactamente hacia dónde van y cómo llegar a su destino. ¿Puede decirse lo mismo de un PRD diezmado y dividido por unas querellas internas que ya hicieron metástasis? La pregunta queda en el aire.

[b]Luz en el túnel[/b]

Ofrecer mantenimiento adecuado a las obras públicas, imprescindible para la preservación de su vida útil, no es precisamente una de las características de la que puedan sentirse orgullosos nuestros gobiernos, y los ejemplos son tan abundantes que deberían ser motivo de verguenza. Pero algún día tendrá que cambiar esa indolente actitud de quienes nos gobiernan, responsable de la pérdida de miles de millones de pesos en obras que han terminado convertidas en elefantes blancos. Por eso nos hemos tomado la libertad de llamar la atención de las autoridades sobre el gran peligro que representa, para la seguridad de sus miles de usuarios, que una parte importante del túnel de la avenida Las Américas permanezca completamente a oscuras. Ojalá que la secretaría de Obras Públicas, responsable de su mantenimiento, se de por aludida, y se apresure a corregir un simple problema de iluminación que tiene, sin embargo, un gran potencial para convertirse en tragedia.