QUÉ SE DICE

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De partidos y ventorrillos.-   La propuesta del diputado Alejandro Montás,  vocero de la bancada peledeísta, de borrar del mapa político dominicano a los partidos pequeños ha recibido un rechazo casi unánime. También ha servido, esa propuesta, para que se admita que si bien nuestras organizaciones minoritarias son indispensables para el ejercicio de una democracia  plena hace falta que se les someta a una mayor  fiscalización tanto de sus actividades como del financiamiento  que reciben, con el propósito de evitar que  sigan siendo  entidades parásitas y oportunistas que sobreviven gracias al ejercicio del más vulgar y abierto clientelismo, bien sea como bisagras de los grandes partidos del sistema u ofreciéndose al mejor postor en el mercado electoral. No estamos hablando, como es lógico suponer, de una tarea fácil de acometer como bien lo prueba el inmediato rechazo que recibió de parte de sus representantes  en la Cámara de Diputados la propuesta, contenida en el  proyecto de Ley de Partidos Políticos y Agrupaciones Políticas, de  que se les obligue a participar con candidatos propios cada dos períodos así como obtener por lo menos el 5% de los votos válidos,  a fin de  que sean los ciudadanos  los que decidan si mantienen su vigencia. Cierto es que una democracia funciona mejor cuando los derechos de las minorías están debidamente garantizados, pero solo si los representantes de esas minorías no convierten ese derecho en una fuente de enriquecimiento personal. Como aquí nos conocemos todos  no hace falta señalar con el dedo a esos mercaderes ni dónde están sus negocios, es decir   sus “partidos”, pero bien podrían  nuestros legisladores aprovechar ese proyecto de ley para cerrar, definitivamente,  otro  capítulo superado de  la democracia dominicana diciéndole adiós para siempre a esos rentables –valga la paradoja– ventorrillos políticos.