QUÉ SE DICE

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Policías,  bandidos y viceversa.-  El debate sobre la delincuencia y la violencia que la acompaña será siempre insuficiente mientras se circunscriba  a discutir la validez de las redadas o los  intercambios de disparos como forma de enfrentarla, sabido desde hace tiempo que en esa receta hay que incluir también educación, oportunidades de empleo y recreación sana y constructiva para la gente de esos barrios si aspiramos a soluciones  realistas y duraderas.

Y es que son demasiadas las aristas a considerar si queremos llegar por lo menos a entender  un problema tan complejo como actual, como por ejemplo el papel que desempeña la Policía Nacional en el incremento de la misma delincuencia a la que se supone persigue, ya sea como cómplice de los delincuentes, haciéndose de la vista gorda a cambio del conocido “peaje”, o la  contribución de esa misma Policía a  la violencia ciega, destructiva e irracional que desborda  las crónicas rojas de muestros diarios, como el caso de un cabo de la institución que el pasado domingo en Bonao, luego de una discusión en un colmadón, se marchó a su casa y regresó con su arma de reglamento disparándole a todo el que estaba en los alrededores del negocio, matando a un  hombre y provocando heridas a otras cinco personas, incluído un menor de edad.

Al igual que otras ocasiones en las que agentes policiales se han visto envueltos  en acciones de la misma naturaleza el cabo José Miguel Almánzar Villafaña fue  cancelado y puesto a disposición de la justicia ordinaria por el mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín,  fiel a su divisa de que “el que se equivocó  pagará en los tribunales por sus errores”,  pero el episodio no debe  considerarse como un hecho aislado siendo como es parte integral de una problemática que debe ser mejor enfocada si queremos encontrarle solución satisfactoria.