QUÉ SE DICE

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Mancomunidad. Hay que recibir con verdadero regocijo la llegada de la mancomunidad municipal, formalmente constituída el pasado martes en un acto en el que participaron  los síndicos del Distrito Nacional, Santo Domingo Este, Oeste y Norte, Boca Chica, Los Alcarrizos, Guerra   y Bajos de Haina, creada   con  el propósito de elevar el nivel de vida de sus munícipes. En un discurso pronunciado en  tan especial ocasión Roberto Salcedo explicó que los cabildos se comprometieron a enfrentar juntos   los problemas comunes  más urgentes como son los relacionados con el medio ambiente, el transporte, la recogida de basura y el uso del espacio público.

No hay dudas de que, a partir de la creación de esta mancomunidad, inédita en la vida institucional dominicana, esos ayuntamientos están mejor preparados para enfrentar las grandes metas que tienen por delante, entre las que no puede faltar  una estrategia dirigida a convencer al gobierno central de que cumpla con  la ley  163-03 que destina el 10% de las recaudaciones fiscales previstas en el Presupuesto Nacional a  los gobiernos locales. Es un derecho al que no deben renunciar nunca, mucho menos ahora que gracias a la recién creada mancomunidad son mucho más fuertes y, por lo tanto, también más persuasivos.

OMSA. Parece otra de las tantas propuestas desorbitadas de los transportistas, insaciables cuando de exprimir la inagotable teta  gubernamental se trata, pero cuando se examina más detenidamente  la crítica del vicepresidente ejecutivo de  CONATRA, Manolo Ramírez, al subsidio que recibe del gobierno la OMSA, estimado en RD$1,400 millones al año, se llega a la  conclusión de que tiene más razón que el carajo.

Ramírez aspira a que el sector privado del transporte de pasajeros, que moviliza el 90% de los usuarios, sea beneficiado con un subsidio por el mismo monto o bastante aproximado, dado que la OMSA, que ofrece un servicio deficiente, que va de mal en peor, apenas mueve   un ridículo 4%. Puesta así las cosas el reclamo de CONATRA parece lógico, pero obliga también a plantearse la pregunta. ¿En qué invierte la OMSA todos esos recursos?