QUE SE DICE

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Entre dos fuegos. Parece que al síndico Roberto Salcedo, quien junto a los regidores  del ayuntamiento del Distrito Nacional ha sido blanco de duras  críticas de parte de la Junta de Vecinos de Los Cacicazgos, que los acusa de aprobar la construcción ilegal de una torre de lujo en el exclusivo sector, le toca  ahora ser la víctima de los ataques de los supuestos beneficiarios de esa decisión, es decir los propietarios de la Torre de la Plata.

Marino Elsevyf, Bethania González y Richard Rosario, abogados de los constructores, acaban de anunciar el sometimiento a la justicia del ejecutivo municipal por alegado abuso de  poder, concusión y coalición de funcionarios, pues a pesar –dicen– de que la Dirección de Planeamiento Urbano les concedió, el pasado dos de mayo, el certificado de uso de suelo para levantar la obra, atribuyen al síndico  Salcedo maniobrar a espaldas del Consejo de Regidores en procura de lo que definieron como “un acuerdo de aposento para satisfacer intereses particulares”.

Salcedo ha dicho que todo el alboroto que se ha producido alrededor de la autorización para construir esa torre,  que ha puesto en pie de guerra a los vecinos de Los Cacicazgos, ocurre  debido a la ausencia de una normativa sobre el uso de suelo adecuada a la nueva realidad urbanística del Distrito Nacional, pero en lo que los señores regidores se ponen de acuerdo para diseñar y aprobar  esa nueva normativa  son muchos  los ciudadanos  a los que el cambio en el uso de suelo en el sector donde residen  les ha amargado la vida, restándole valor a  sus propiedades y hasta obligándoles a vender a  precios que no siempre son los justos.

 De “vaca”.- A partir de mañana quien les escribe se tomará unas merecidas vacaciones, tan necesarias para darle descanso al cuerpo y, sobre todo, al alma. Eso supone, en nuestro caso, desconectarse por completo de los afanes propios de este duro oficio, alejamiento  que empieza por tomar distancia de la amada ínsula, cruzar el gran charco del Atlántico hasta parar en la Madre Patria, donde espero reencontrarme  en la  mirada todavía inocente de mi hijo de trece años. Hasta la vuelta.