QUÉ SE DICE

CLAUDIO ACOSTA
c.acosta@hoy.com.do
MERECIDAS VACACIONES.-   Tal y como están las cosas  en la política criolla  cualquiera diría que es pertinente y mas que nada oportuna la decisión del presidente Fernández de solicitar a los organismos internacionales dedicados al monitoreo de elecciones que envíen sus observadores, de manera anticipada, a seguir de cerca el desarrollo del caldeado proceso electoral dominicano, a fin de “velar por la diafanidad, pulcritud, y la buena organización de las elecciones del próximo 16 de mayo”. 

Sin embargo, antes de que esos organismos internacionales decidan complacernos  conviene, por un asunto de imagen, cambiar el lenguaje de verduleras conque se actualmente se agreden nuestros políticos por un diálogo más civilizado y respetuoso, poner un poco de orden en la casa, hacerla más presentable de cara a  nuestros visitantes, frente a quienes deberemos abstenernos,  sea por recato o verguenza, de airear nuestras miserias y trapos sucios. Nada de eso entraña, para el liderazgo político nacional, un gran  sacrificio, y sí  una  dosis de  buena voluntad tanto de parte de la oposición como del gobierno, que como contribución simbólica  a ese clima de paz y concordia al que todos aspiramos en lo que resta de campaña electoral debería pagarle unas largas y merecidas vacaciones al doctor Franklyn  Almeyda, el belicoso secretario de Interior y Policía.

ESPECIALIDADES.-  Hace unos días  la Policía Nacional dio cuenta del apresamiento de un hombre  especializado en robar habitaciones de los hoteles de lujo de la Capital,   a los que llegaba bien vestido, con un regalo en las manos, y simulando visitar a uno de los huéspedes, regalo que en realidad era un caja de herramientas  de gran utilidad para forzar las puertas de las habitaciones. Ayer los diarios trajeron la noticia de otro  hombre al que las autoridades judiciales enviaron a la cárcel de La Victoria, acusado de penetrar a las habitaciones de clínicas y centros  de salud privados a robar a los pacientes mientras estos dormían. Ambos casos ilustran  los niveles de especialización alcanzados por nuestra delincuencia, que no descansa ni de día ni de noche buscando mil y una formas de apropiarse de lo ajeno y, si es posible y “necesario”, matar a quien intente impedírselo.