Qué se dice

Es notorio que una ausencia de controles agudiza en estos momentos los taponamientos en el tránsito urbano al permanecer fuera de servicio muchos semáforos como consecuencia de la ola de robos impunes que deja a esos equipos sin los cables de transmisión de energía eléctrica. Pero también está llamando la atención el hecho de que en las horas pico, en un alto número de intersecciones importantes brillan por su ausencia los agentes de la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET), a quienes toca la tarea de conjurar el desorden en la circulación. Tras la entrada en vigencia de una controversial reforma policial que coloca a AMET bajo la autoridad de la jefatura de la Policía, los subalternos del general Pedro Candelier parecen declinar hacia un bajo perfil. Y todavía más: el propio Candelier no ha sacado la cabeza últimamente. ¿Puede alguien desmentir los rumores de que ni siquiera está acudiendo a su despacho? Las fuentes que pueden hacerlo no han querido hablar.

[b]El tiempo dirá[/b]

Una tesis interesante: las encuestas hechas con profesionalidad e independencia reflejan indefectiblemente una aproximación a la verdad del momento pero puede ocurrir que sus resultados causen un estremecimiento en los proyectos políticos y provocar una intensa búsqueda de reversión de índices. El efecto que suele seguir a los hallazgos en la opinión de la gente es que las figuras de baja popularidad busquen la forma de escalar posiciones en el electorado. Y en lo que se avanza hacia la hora cero, los más sagaces y perseverantes pueden hacer un buen trabajo de imagen. Algunos especialistas reconocen enfáticamente que el panorama de ayer puede ser diferente al de mañana. Más aún, que los favoritos de hoy tienen que estar tan preocupados por el futuro como lo estarían los aspirantes de baja puntuación. Conservar la preferencia puede ser tan difícil como atraerse a las mayorías, que es lo que se propondrán los que aparecen en segundo y tercer puestos. Las próximas semanas serán determinantes en las posibilidades de los candidatos, pues el escenario político está más activo cada día y hay muchos recursos –sobre todo en el ámbito del reeleccionismo- desbordados en busca de simpatía.

[b]¡Un palo![/b]

Osmar Benítez es un exitoso dirigente del sector privado y colaborador del Estado dominicano que hace poco disgustó grandemente a las autoridades estadounidenses en el marco de las negociaciones de libre comercio que culminaron con la firma de un de acuerdo de libre comercio EU-RD. Resulta que después de su desagradable choque con la parte estadounidense, Benítez acaba de ser escogido como representante del grupo de países denominado G-33 para participar en importantes discusiones sobre agricultura en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC). De objetado, bloqueado y mandado a callar en la culminación del diálogo del TLC en Washington, este eminente dominicano pasa a ser hombre de confianza para defender los intereses de países como China Popular y otros de Asia y África. Parecería que su capacidad de irritar y hacer montar en cólera a los negociadores estadounidenses está siendo considerada por esos gobiernos como una condición ideal para echar una dura pelea con las grandes potencias en el cuadrilátero de la globalización.