El Niágara en bicicleta

Claudio Acosta

El desastroso estado de nuestros hospitales, bautizados en los años 70 como almacenes de enfermos sin que todavía pueda decirse que  superan esa   condición, ha sido magistralmente descrito por Juan Luis Guerra, pero la realidad que hoy se vive en  nuestro sistema público de salud supera  las surrealistas metáforas con las que el cantautor narra las vicisitudes  que pasan   quienes acuden a esos centros buscando alivio a sus dolencias. Ayer, por ejemplo, leí en un  periódico que en el hospital  Jaime Mota de Barahona han sido suspendidas numerosas   cirugías porque no hay hilo de suturar, mientras los médicos  se quejan de que también faltan otros materiales gastables esenciales. Pero apenas dos días antes otro periódico reseñó que la ministra de Salud, Altagracia Guzmán, pegó el grito al cielo cuando comprobó en una visita sorpresiva que realizó al hospital regional José María Cabral y Báez que  los trabajos de reconstrucción que se realizan en ese centro, en Santiago,  están casi paralizados. Y mas o menos el mismo panorama se observa  en decenas de centros asistenciales “intervenidos”  a lo largo y ancho de la geografía nacional, limitando  los  precarios servicios que ofrecen y, en ocasiones, reduciéndolos a su mínima expresión, y todo porque a un genio planificador del  gobierno  se le ocurrió iniciar la reconstrucción  simultánea de más de 50 hospitales. El doctor Nelson Rodríguez Monegro, director del Servicio Nacional de Salud, anunció recientemente  que el gobierno espera entregar  18 completamente remozados antes  de que fin el año, pero  eso  habrá que verlo. Mientras tanto, hay que decirlo aunque no sea cantando: los infelices que acuden a los hospitales en reconstrucción están pasando, como diría Juan Luis Guerra, el Niágara en bicicleta.