Qué se dice

Si la retirada de las tropas españolas no representa un problema para la seguridad de Irak, como afirmó ayer un miembro del Consejo de Gobierno Transitorio, y el principal comandante de las Fuerzas de Estados Unidos considera que, en caso de producirse, no tendría ningún impacto en la coalición encabezada por Washington, no sería ilógico suponer entonces que las tropas dominicanas asentadas en territorio iraquí tampoco representarían, en términos militares y estratégicos, una gran pérdida para la coalición anglo-americana. El problema, desde luego, no es tan solo militar sino también político, por lo que no hay muchas esperanzas de que nuestros soldados puedan regresar a casa, mucho menos después de que el presidente Mejía reiterara que permanecerán, en ese lejano y peligroso escenario bélico, el tiempo acordado desde el principio con los americanos. Pero hay que reconocer que, en ciertas ocasiones, es difícil que cedamos a la tentación de creernos soberanos e independientes.

[b]Indigencia policial[/b]

La Policía Nacional ha prometido investigar, como era de esperarse, los robos de tapas del alcantarillado, así como de miles de pies de alambre del tendido eléctrico en Santo Domingo Este y otros puntos de la capital, que no solo han dejado amplios tramos de importantes avenidas completamente a oscuras sino también una gran cantidad de intersecciones sin el servicio de semáforos. Esos actos de vandalismo, cada vez más frecuentes y extendidos, vuelven a poner en evidencia las limitaciones que enfrenta la institución del orden para cumplir con su misión de salvaguardar vidas y propiedades, materialmente imposibilitada de ofrecer vigilancia a una zona geográfica tan amplia, sobre todo si se toma en cuenta que, en demasiadas ocasiones, ni siquiera cuenta con el combustible necesario para realizar el patrullaje ordinario de sus unidades motorizadas. Esa indigencia de la Policía contrasta, sin embargo, con la creciente amenaza que representa una delincuencia que no descansa ni de día ni de noche, consciente talvez de las evidentes debilidades de quienes están llamados a combatir sus tropelías.

[b]Soledad y política[/b]

La soledad, es sabido, es compañera frecuente de aquellos que eligen la política como motivo y razón de su existencia, y los ejemplos son tan abundantes, tanto dentro como más allá de nuestros insulares horizontes, que no tiene sentido incurrir aquí en vanas enumeraciones. Son gajes del oficio con los que deben aprender a convivir en las buenas y en las malas, algo que debe saber de sobra un político tan rejugado como el licenciado Hatuey Decamps, quien ha visto cómo la extraordinaria capacidad persuasiva del presidente Hipólito Mejía lo ha ido dejando sin aliados en su desigual lucha contra la reelección. Pero el día de hoy, dicen los que han vivido lo suficiente, no tiene porqué ser igual al de mañana, cuando podrían ser otras las puertas que toque la siempre caprichosa soledad.