Qué Se Dice. Una rectora sin pantalones

Claudio Acosta

Cinco años estuvieron trabajando en la UASD los seis “empleados” que acaba de expulsar la rectora Emma Polanco por pertenecer a una banda denominada “Los Topos”, cuya especialidad era provocar desórdenes con sus rostros cubiertos por capuchas, pero también ejercer de matones en los procesos electivos internos impidiendo votaciones y secuestrando urnas, como denunció el presidente de Faprouasd, Santiago Guillermo, quien ofreció todo su respaldo a la decisión tomada por el Consejo Universitario. ¿Cómo es posible que una banda de esa naturaleza operara en la mas antigua universidad del Nuevo Mundo y que, además, sus integrantes recibieran un salario de su siempre deficitario presupuesto? La explicación tal vez esté en la degradación institucional y académica que ha provocado el enraizamiento de la politiquería y el clientelismo, a tal punto que se habla y se denuncia, como la cosa más natural del mundo, que la UASD está llena de botellas, de gente que cobra sin trabajar; ahora sabemos, también, que otros cobraban para hacer desórdenes, para perturbar la tranquilidad de la vida académica, perjudicando a decenas de miles de estudiantes pobres de este pobre y jodido país. Pero esa degradación institucional y académica que creó las condiciones para la contratación, en calidad de empleados, de un grupo de vándalos no se produjo por generación espontánea ni como consecuencia del cambio climático, pues sus responsables directos son quienes han dirigido la UASD durante los últimos años, que tienen, por lo tanto, nombres y apellidos. En este caso, según el presidente de Faprouasd, la responsabilidad recae sobre el exrector Iván Grullón, a quien “le faltaron pantalones” para expulsarlos de la universidad cuando su caso fue llevado ante el Consejo Universitario. A la rectora Emma Polanco también le faltan, pero es evidente que le sobró coraje y determinación para ponerle fin a esa aberración.