Qué Se Dice. Volver al Malecón

Hubo una época, no tan lejana, en la que todo lo que tenía que ver con diversión empezaba y terminaba en el Malecón, la Discoteca Mas Grande del Mundo, como la llamábamos con etílico orgullo. Es difícil establecer cuándo, en qué momento le dimos la espalda al mar, a ese Caribe incandescente y luminoso que se quedó atrapado en las asombradas pupilas de tantos capitaleños que pasearon su infancia en sus orillas y recodos, pero también de tantos otros que vieron brotar el sol de su vientre revuelto, poniendo punto final a tantas madrugadas y trasnoches. Mas fácil es determinar porqué, aunque tampoco queda claro si el estado de abandono que lo convirtió en madriguera de delincuentes y prostíbulo a cielo abierto fue causa o consecuencia de que dejáramos de visitarlo y frecuentarlo, o peor todavía; de que tratáramos de ignorarlo, como si fuera tan fácil ignorarnos a nosotros mismos, isleños de nacimiento y para siempre. El ayuntamiento del Distrito Nacional y su alcalde, David Collado, nos han devuelto la posibilidad de volver a disfrutar a plenitud de ese mar tan nuestro, pues acaba de entregar, completamente remozado, un tramo de 3,500 metros del Malecón, que de ñapa de ahora en adelante tendrá un apellido de postín: Paseo Marítimo. Ese Paseo Marítimo (hay que empezar a usar el nuevo nombre, y repetirlo mucho, para que ”se pegue”) cuenta con áreas infantiles que los fines de semana serán animadas con payasos y otras actividades familiares, una ciclovía, áreas para picnics, iluminación led y vigilancia 24–7, para que nos sintamos protegidos y seguros. Hay que regresar al Malecón, reencontrarnos con ese Mar Caribe siempre inquieto, tan parecido a nosotros; tenemos que recuperar el privilegio de sentarnos tranquilamente a su lado a escuchar su respiración agitada, su ir y venir de centinela que nunca duerme, mientras la Ciudad Primada lo mira recelosa, incapaz de ocultar que se alimenta de nuestros afanes.