Qué se dice

Hay que agradecerle al presidente Mejía, de todo corazón, que haya intentado tranquilizarnos al afirmar que República Dominicana está a salvo del largo y vengativo brazo del terrorismo islámico que capitanea el elusivo Osama Bin Laden, gracias a que el país cuenta con los controles suficientes, con tecnología de punta, para hacer frente a esa amenaza, a lo que se suma la existencia de un escuadrón militar, integrado por 2,500 hombres, debidamente especializado en la dura lucha antiterrorista. Es una loable preocupación, sin duda, la del mandatario, pero la gente en la calle no parece estar muy angustiada ante una posibilidad que talvez sienten muy remota, para no hablar de quienes simplemente argumentan que el mayúsculo desorden en el que vivimos impediría a la gente de Al Qaeda, tan previsora y meticulosa, planificar adecuadamente cualquier ataque. Lo que allá, “en los países”, obligaría a tomar todas las medidas de seguridad imaginables, aquí lo cogemos como un gozoso chiste, sobre todo después de escuchar al presidente Mejía decir, a boca llena, que este es el país más seguro del mundo.

[b]Lujos de la democracia[/b]

Fuera de discusión está que hablamos de un viejo anhelo de nuestra diáspora, esparcida por prácticamente todos los confines del planeta, aparte de que se trata de un mandato de la ley al que la Junta Central Electoral no tiene otra opción que dar cumplimiento. Pero cada vez que se echa un vistazo a lo que nos costará mudar el primer paso en la inédita experiencia de poner a votar a nuestros compatriotas en el exterior -150 millones de pesos para 52,000 votantes registrados- resulta inevitable ponerse a sacar numeritos, para llegar a la fácil conclusión de que cada uno de esos votos, sea en Madrid, Miami o Nueva York, nos saldrá demasiado caro. Como ya no hay tiempo para dar marcha atrás ni siquiera para coger impulso, solo resta confiar -por supuesto que con los dedos cruzados- en que el alto precio que habremos de pagar por sumarnos al coro de las democracias globalizadas finalmente valga la pena.

[b]Priapismo y algo más[/b]

El día que se escriba la historia completa habrá que titularla, probablemente, “La erección que mantuvo en vilo a todo un país”, cherchoso como el que mas, habría que agregar, pues sus habitantes, a pesar de las vicisitudes que padecen por culpa de la peor crisis económica de la que hayan tenido noticia, sacan tiempo para darle seguimiento, paso a paso, al priapismo que durante nueve días convirtió a un joven obrero de Santiago en el epicentro noticioso de la nación. Hay quien piensa, sin embargo, que esa capacidad nuestra para “botar el golpe”, como diría Jochy Santos, aún en las más adversas circunstancias, lejos de ser un defecto es mas bien una virtud, digna de ser imitada por países mucho más grandes y desarrollados, que se toman demasiado en serio su privilegiada condición. Gracias a la prolongada erección de Ignacio Cabrera, a la que puso fin una delicada intervención quirúrgica, nos olvidamos de la crisis haitiana, de la inacabable escasez del gas propano y, por supuesto, también de la cháchara vacua e interesada de nuestros políticos, a la caza de votos a cualquier precio. Por eso es recomendable seguir atentos a lo que pasará con el joven obrero después de la operación, más que nada para saber si podrá, finalmente, levantar cabeza.