Qué se dice

En la gráfica que encabeza estos comentarios aparece un grupo de “niños” quienes, según el arquitecto José Miguel Martínez, director de Gestión Ambiental del ayuntamiento del Distrito Nacional, practican béisbol en el parque Mirador Sur, una inocente actividad a la que, según el funcionario, no puede oponerse el cabildo capitaleño. Se trata, según explicó al periódico El Nacional, de dos pequeñas ligas que llevan los niños a entrenarse allí en áreas específicas, que no trastornan las demás actividades del parque. La explicación intenta responder una denuncia que hiciera en su edición de ayer este diario, dando cuenta de que ese parque es utilizado como campo de entrenamiento por cientos de jóvenes jugadores de béisbol, muchos de ellos, para su propia felicidad y la de sus familias, a punto de lograr su sueño de firmar con algún equipo de las Grandes Ligas, que si hacemos caso al funcionario edilicio habría que decir que también se interesan en contratar a “niños” tan pequeños como los tajalanes de la foto.

[b]Clamando en el desierto[/b]

El padre Luis Rosario, coordinador de la Pastoral Juvenil, se ha convertido, muy a su pesar, en la solitaria voz que clama en el desierto con su insistente llamado para que se desarme a la población civil, uno de los componentes fundamentales -a su juicio- del alto nivel de violencia que vive hoy la sociedad dominicana. El sacerdote salesiano, que aspira a una modificación de la ley 36 que haga posible su reclamo, debe estarse refiriendo a las frecuentes tragedias de las que se tiene noticia por una simple discusión de tránsito, o del infierno en que han convertido muchos de nuestros barrios bandas de menores, fuertemente armadas, que también se matan entre sí por asuntos de drogas. Rosario está consciente, sin embargo, de que su propuesta tiene muy pocas posibilidades de fructificar, pero aún así no ceja en su empeño por romper el vicioso círculo de violencia en el que estamos, desgraciadamente, atrapados.

[b]Tema de campaña[/b]

Los demócratas, como todo parece indicar, han convertido en un tema de campaña la supuesta ayuda que se habría prestado desde territorio dominicano, con armas y entrenamiento militar, a las fuerzas rebeldes que propiciaron la abrupta salida del poder del ex presidente Jean Bertrand Aristide. El teniente general José Miguel Soto Jiménez, secretario de las Fuerzas Armadas, ha tenido que salir al frente a nuevas acusaciones en ese sentido, esta vez provenientes del senador Christopher Dodd, demócrata por Connecticut, para desmentir que el gobierno dominicano haya recibido 20,000 fusiles de Estados Unidos, que según Dodd habrían ido a parar a manos de los enemigos de Aristide. Ese desmentido, puede anticiparse, resultará insuficiente para un Partido Demócrata decidido a sacar ventaja electoral de los errores de la administración Bush, por lo que será mejor que nuestras autoridades vayan pensando en respuestas más convincentes que las ofrecidas hasta ahora para explicar el turbio papel desempeñado por nuestro país en la crisis haitiana.