Qué se dice

Incógnita por despejar.-  Es legítimo suponer que quienes condujeron las investigaciones de la matanza de Paya tuvieron la oportunidad, durante los  interrogatorios  practicados a los implicados, de hacer todas las preguntas que creyeron necesarias para el esclarecimiento del caso, incluída una que se cae de la mata porque se refiere a lo que desató la codicia de los asesinos de los  siete colombianos, el móvil –como dicen los criminalistas– detrás del horrendo crimen: ¿dónde fueron a parar  los 1,200 kilos de cocaína y la gran cantidad de dinero, en pesos y dólares, que se dice –nadie hasta ahora ha desmentido esa versión– estaban en poder de las víctimas?

Esa sigue siendo la gran incógnita a despejar a pesar de lo mucho que se ha avanzado en las investigaciones, sobre todo porque habiendo tanta gente presa, algunas de ellas dispuestas a colaborar con  las autoridades a cambio de una reducción de sus  penas, cualquiera diría que resulta mucho más fácil aclarar el misterio, pero es evidente que no ha sido así. ¿Será que alrededor de ese asunto existe un pacto de silencio entre los implicados que las autoridades todavía no han podido romper?

Las hipótesis a barajar pueden ser muchas, tantas como sea capaz de columbrar  su imaginación, pero la más socorrida de todas es aquella que sostiene que las autoridades hace rato que tienen la información sobre el destino de esa cocaína  pero no se sienten con suficientes fuerzas para seguir ese curso de las investigaciones.

De todas maneras ya el jefe de la Policía Nacional, el mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, anunció que con el sometimiento a la justicia de los implicados directamente en la ejecución  concluye la participación de la institución en esta fase de las indagatorias, dejándole a la DNCD  la papa caliente de encontrar la cocaína “perdida”. ¿Tendrá el organismo antinarcóticos más suerte que los investigadores policiales? Dejaremos la pregunta en el aire, pero estamos seguros de que ahí mismo se quedará. Así de jodidos estamos.