Qué se dice

En nombre de Dios.-  Hablar de una “guerra de iglesias” para definir lo que ocurre en el Congreso  alrededor del proyecto de Ley General de Agrupaciones Religiosas constituye, a no dudarlo, una exageración, pero nunca hay que subestimar la capacidad destructiva y, más que nada, divisionista, de las pasiones religiosas, sobre todo en un mundo donde el peor fundamentalismo –el religioso–  también ha sido globalizado.

Ojalá que unos y otros, tanto los que defienden la religión “oficial” del pueblo dominicano y a sus seculares privilegios, como la comunidad cristiana evangélica, que ha crecido de manera extraordinaria en el corazón de los dominicanos y las dominicanas sin  necesitar leyes que la “protegan” ni  “privilegios” que la equiparen a los católicos, no pierdan nunca de vista que lo que menos necesita la sociedad dominicana, en estos difíciles momentos, son nuevos motivos de querellas y divisiones.

¿Consensuar?.-  Sea forzado por el peligroso derrotero que lleva la crisis eléctrica o porque le hayan bajado la línea, desde las alturas palaciegas, de moderar su discurso, lo cierto es que el Vicepresidente Ejecutivo de la CDEEE, el ingeniero Radhamés Segura, ha cambiado  el chucho. Quien hace una semana se mostró agresivo y arrogante al  optar por la  descalificación, pura y simple, del contenido  del Plan  de Solución  Integral del Sector Eléctrico patrocinado por el Conep, ayer cantaba una canción muy distinta, al declarar que para lograr una solución definitiva del problema eléctrico tiene que darse una concertación, un consenso, entre el sector público y el sector privado.

¡Qué descubrimiento tan extraordinario! Confiemos en la sinceridad  del ingeniero Segura, en que su  disposición de propiciar ese consenso no sea tan solo de la boca para fuera,  pues si hay algo que está requete demostrado en este país, donde cada quien jala para su lado, es que el verbo consensuar es el más difícil de conjugar.