Qué se dice

Hay que suponer que el doctor Leonel Fernández está acostumbrado, por oficio y ejercicio, a recurrir a las citas para puntualizar algún concepto, en ánimo siempre de una mejor comunicación de sus mensajes, por lo que puede asegurarse, también, que está en capacidad de escoger la cita adecuada en el momento oportuno. Preguntado sobre las razones que lo llevaron a escoger al doctor Rafael Alburquerque como su compañero de boleta, Fernández remitió a los periodistas a una definición que atribuye al ex presidente norteamericano Richard Nixon, obligado a renunciar a causa del escándalo de Watergate, quien decía que el mejor candidato vicepresidencial es aquel que no le quita ni un solo voto al candidato presidencial. La expresión, superado el estupor colectivo que provocó la sorpresiva elección del doctor Alburquerque, puede interpretarse de muchas maneras, empezando porque los peledeístas parecen estar convencidos de que no necesitan un solo voto más para ganar unas elecciones para las que todavía faltan dos meses. Si ese ha sido el cálculo, allá ellos con su particular aritmética, pero ojalá que a la hora de pasar raya, el próximo 16 de mayo, dos y dos sigan sumando cuatro.

[b]La reprimenda[/b]

El día que se escriba la historia de nuestros procesos electorales, con todos sus sobresaltos, traumas y trapacerías sin cuento, habrá que dedicar un extenso capítulo al rol desempeñado por monseñor Agripino Núñez Collado, el incansable mediador de todos nuestros conflictos. Solo así podrán entender las futuras generaciones la beligerencia de su protagonismo, la templada firmeza de un hombre de Dios que debe emplear una parte importante de su tiempo en asuntos demasiado terrenales, hasta el extremo de tener que enmendarle la plana -así lo tituló un periódico- a la Junta Central Electoral, al reprocharle que con tanta frecuencia sus jueces se vean en la necesidad de tener que aclarar, ante la opinión pública, la naturaleza o el propósito de sus acciones. Las declaraciones del coordinador de la Comisión de Seguimiento a los Trabajos de la JCE tienen el tono inconfundible de una reprimenda pública, destinada a “poner en su sitio” al tribunal de elecciones. ¿Tiene monseñor Agripino derecho a tanto? El debate está servido.

[b]El que la hace…[/b]

Siempre se ha dicho que todo lo que uno hace en esta vida, tarde o temprano termina sabiéndose. Y mucho mas en un pequeño país donde todo el mundo se conoce, y cada quien sabe de qué pie cojea cada cual. Por eso hay que decirle al joven periodista, bastante hiperactivo por cierto, que ya un indiscreto funcionario de la Junta Central Electoral ha dado cuenta de sus diligencias para venderle al tribunal de comicios, concretamente a la Cámara Administrativa, el material a ser usado en la plastificación de las actas que se utilizarán en los 12,429 colegios electorales que se habilitarán el día de las elecciones en todo el país, un requisito de seguridad indispensable para dotar de la debida confiabilidad a ese documento. Nadie sabía, hasta este momento, que ese muchacho era suplidor o distribuidor de ese tipo de materiales, ni que pudiera sacar tiempo de sus múltiples ocupaciones, entre las que se incluye la militancia política activa, para dedicarse a esos ajetreados cabildeos. A menos, claro está, que la compensación a recibir merezca el esfuerzo.