Qué se dice

La pregunta surge tantas veces como se ponen en evidencia las penosas condiciones en que desempeña su trabajo la Policía Nacional, con agentes mal pagados, pobremente equipados y, para colmo, sin los vehículos suficientes que le permitan desplazarse con prontitud allí donde se produce el delito o la demanda ciudadana, como han podido comprobar quienes se han visto necesitados del auxilio urgente y oportuno de una patrulla policial. ¿Por qué el gobierno, que ha sido tan generoso con unas Fuerzas Armadas que hace tiempo no libran una batalla por nuestra soberanía, abandona a su suerte a una institución que libra una guerra a muerte con una delincuencia cada vez más desafiante y mejor armada? Si no se va en ayuda de la Policía, sino se mejora su capacidad para enfrentar con eficacia a los enemigos de la tranquilidad ciudadana, la guerra está perdida de antemano. ¿Hace falta recordar quiénes serían las principales víctimas?

[b]Miserias políticas[/b]

El flamígero e indignado verbo del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez ha vuelto a tronar, esta vez para abominar del vergonzoso espectáculo al que nos someten, en la presente zafra electoral, nuestros políticos, con sus expresiones de mal gusto y su falta de educación y calidad humana. Lo doloroso no es, sin embargo, que el prelado nos estruje en la cara las miserias de quienes nos gobiernan o aspiran a gobernarnos, que ya hemos tenido tiempo de sobra para comprobar por nosotros mismos, sino que paguemos tanto dinero -la JCE entregará a los partidos, como contribución a sus campañas, poco más de 400 millones de pesos- por un espectáculo tan malo.

[b]Fuera de control[/b]

La situación en los aeropuertos del país parece que está por complicarse, pues los controladores aéreos, contagiados tal vez por la fiebre reivindicativa de los médicos y demás trabajadores de la salud, están decididos a hacer valer sus reclamos de aumento salarial aunque tengan que sacrificar, en su empeño, algo tan delicado como la seguridad de nuestras terminales aeroportuarias. Los controladores y técnicos aeronauticos, que también reclaman -probablemente como coartada- la modernización de los equipos que utilizan, tenían pendiente reunirse ayer con los representantes de las compañías que gerencian los distintos aeropuertos del país, que ojalá hayan logrado hacerlos entrar en razón. A menos que los controladores se contagiaran también de la intransigencia de los médicos, y decidan irse a una huelga que, en su caso, constituye un atentado grave a la seguridad pública que habrá de tener, necesariamente, adecuada respuesta de parte de las autoridades.