QUE SE DICE
¿A quién se parecerá más?

Lo que algunos círculos políticos esperaban se está cumpliendo. El ingeniero Ramón Alburquerque vino “duro y curvero” como para que su gestión a la cabeza del Partido Revolucionario Dominicano tenga que ser recordada por una excepcional energía puesta en palabras y hechos. ¿Las cosas podrían ser diferentes con un senador que alcanzó, con el célebre “entren to”, el más impactante momento de su carrera política? Desde entonces, Ramón colocó ese grito en su bandera y ha tratado –y logrado- ascender con ella en roles partidarios. El flamante presidente del PRD podría estar creyendo que la imagen de rudo que busca proyectar le va a seguir dando resultados pero sus énfasis tal vez hagan pensar que se está contradiciendo. En su carrera por la alta posición él ofertó esforzarse por reconciliar al partido blanco con las fuerzas sociales importantes. Es decir, dejar atrás el afán de pelearse con todo el mundo que imperó bajo la onda temperamental del expresidente Hipólito Mejía. Si Alburquerque comienza su gestión bombardeando los procesos de diálogo y conciliaciones que son tradicionales y luego sigue en eso, terminará pareciendo más un heredero del reeleccionismo fracasado que un discípulo de José Francisco Peña Gómez, que tanto se distinguió por sumar a su causa a personas e intereses que previamente estuvieran haciéndole la guerra.

El reformismo en ruta

El proceso en que ha estado embarcado el Partido Reformista Social Cristiano parece inclinar abrumadoramente hacia un solo lado a los sectores que militaron o se han identificado tradicionalmente con el gallo colorao.Un claro efecto del proceso convencional reformista es que ahora el observador se siente con motivos de peso para ver como simple disidente al sector que se alejó del tronco y la raíz del balaguerismo para ser parte del oficialismo imperante. Desde que se ahondaron las contradicciones con las primarias que convirtieron en candidato presidencial a Eduardo Estrella, el reformismo había dejado de parecer un conglomerado único. Aun cuando la dirigencia que emergió con el aval del voto de sus masas -y que tiene como figuras principales a Federico Antún Batlle y Víctor Gómez Casanova- no logre en lo inmediato sacar al PRSC del bajo perfil en que cayó, parece que están sentadas las bases para el retorno a la pelea con las elecciones municipales y congresionales del 2006 en la mira.

Un match que se acerca

Hatuey Decamps y sus seguidores muestran impaciencia ante la Junta Central Electoral que se encuentra en estos momentos en el proceso de verificación que permitiría establecer si el Partido Revolucionario Social Demócrata reúne condiciones para recibir el reconocimiento que ha solicitado. El tribunal electoral suele enviar inspectores a todos los locales que la nueva organización dice que ha instalado en el territorio nacional y trata de establecer contacto con muchas de las personas que figuran en los documentos como sus adherentes. Eso toma tiempo pero el hatueysismo parece que tiene prisa en lograr un estatus jurídico antes de que comience la inevitable confrontación con la cúpula del perredeísmo que dejaron atrás para formar tienda aparte. El PRD está hoy bajo una égida flamantemente legitimada, que se siente en la obligación moral de recuperar la sede central del partido más antiguo del país y con más historia. El compromiso de desalojar a Decamps, a Felipa Gómez y a todo el que se ponga en el medio para evitarlo, ha sido proclamado públicamente. En fuentes cercanas a las alturas del “Jacho” se dice que los pasos concretos para retomar la Casa Nacional de la avenida Bolívar están a vuelta de la esquina.