QUE SE DICE
Daños irreparables

Es razonable creer que el gobierno confía en que la destitución del subsecretario de Obras Públicas Carlos Polibio Michell (Kalil), a quien el rumor público señala enfrentado al titular de la cartera, el ingeniero Manuel de Jesús Pérez (Freddy), a causa de la construcción y decoración del edificio que aloja a la Suprema Corte de Justicia, le quitará presión al sazonado escándalo, un recurso sin duda más eficaz que el comunicado del ingeniero Pérez echándole la culpa de todo a una prensa que actúa por encargo de los políticos, como si hiciera falta inventarse un culpable para suplantar al que todo el mundo conoce por su nombre y apellido. De todas maneras hay que desearle suerte al gobierno en su propósito de zanjar, de una vez por todas, las controversias en torno al edificio, pero es probable que el daño ya esté hecho, pues se perdió demasiado tiempo en buscarle solución a un problema que se dejó crecer como una bola de nieve.

 Lujo supremo

Todavía es pronto, sin embargo, para evaluar hasta dónde ha deteriorado el crédito público del gobierno el escándalo que ha tenido como epicentro al edificio de la Suprema Corte de Justicia, pero es evidente que después que se ha llegado tan lejos y se han dicho tantas cosas, nada volverá a ser lo mismo, empezando porque siempre quedará la duda sobre la utilización de recursos provenientes del marcotráfico en su construcción y decoración. Gracias a todo lo que se ha publicado sabemos, por ejemplo, lo bien instalados que están nuestros supremos jueces, rodeados de un confort que de tan exquisito costó a las arcas públicas alrededor de trescientos millones de pesos, un lujo que la justicia dominicana, plagada de miserias, carencias y debilidades, no debió darse nunca.

 Una noticia positiva

Como el fiscal del Distrito Nacional, el doctor José Manuel Hernández Peguero, sugirió el otro día a la prensa que también se ocupe de divulgar las noticias positivas, esta vez vamos a complacerle. El ingeniero Ignacio Ditrén, director de la Omsa, ha dado marcha atrás a su decisión de cobrarle el servicio a los invidentes, una mezquindad innecesaria que de imnediato provocó un aluvión de críticas, al tiempo que pidió excusas al Patronato Nacional de Ciegos por los indeseados efectos de una decisión que, según explicó, nunca pretendió suspender el servicio gratuito que se ofrece a esos discapacitados sino poner las cosas en orden. Como ha sacado la pata a tiempo, no queda más remedio que aceptar como buenas y válidas las excusas del director de la Omsa.