QUE SE DICE
Gobernar para todos

Alguien quiere saber, a propósito de la decisión del gobierno de invertir 25 millones de dólares en un hospital privado de Santiago para que los pobres del Cibao puedan beneficiarse de tecnología de punta en materia de diagnóstico y tratamiento de enfermedades, si no resulta menos complicado coger todos esos dólares -que en pesos rinden muchísimo- para aumentarle el sueldo a los médicos y el resto del personal de salud, que dejarían así de torturar a los infelices que acuden a los hospitales con sus inhumanas huelgas, o en todo caso invertirlos en mejorar la infraestructura hospitalaria de nuestro sistema de salud pública, bastante maltrecha por cierto. Nadie pondrá una página en los periódicos para agradecer un gesto tan generoso y magnánimo, pero al menos el gobierno habrá cumplido con su responsabilidad de gobernar para todos los dominicanos y dominicanas y no en beneficio de un sector de la sociedad o grupo empresarial.

Sed de justicia

Se ha dicho de muchas maneras y desde distintos ámbitos, trátese de la sociedad civil, los jóvenes empresarios o los litorales políticos, pero faltaba el tono solemne y admonitorio que le ha impreso monseñor Benito Angeles, secretario del Episcopado Dominicano. Y es verdad, el país tiene “hambre y sed de justicia”, como muy bien proclama el prelado, sobre todo de una justicia que, a pesar de la insistencia conque ha sido reclamada desde tiempos ha, no acaba finalmente de llegar, ni siquiera porque en esta oportunidad la lucha contra la corrupción fue una de las más cacareadas promesas de campaña de los que hoy ocupan, en calidad de inquilinos, el Palacio Nacional. De todas maneras vale señalar que monseñor Angeles fue reiterativo en su petición de que las autoridades actúen ceñidas a la verdad, y particularmente enfático cuando señaló que esa acción debe emprenderse sin ceder a presiones políticas y económicas. Que así sea.

El derecho ajeno

No hay dudas de que el festival mardi gras, patrocinado por una empresa cervecera en la zona colonial, ha significado un éxito rotundo que probablemente haya desbordado las expectativas de sus promotores, como lo atestigua el aluvión humano -en su inmensa mayoría jóvenes- que cayó sobre “La Zona” el sábado en la noche, al igual que en anteriores fines de semana, hasta el extremo de colapsar la circulación vehicular en prácticamente todo el casco viejo de la Ciudad Primada. Ese enorme éxito, sin embargo, solo ha traído amarguras para una gran cantidad de pequeños bares y restaurantes que funcionan en la zona, para no hablar de la tortura que supone para los vecinos, invadidos hasta altas horas de la madrugada por una delirante y a menudo violenta horda de jóvenes dispuestos a divertirse a cualquier precio. Es verdad que para salvarse unos tienen que joderse otros, como dice una vieja ley de nuestra particular selva, pero cierto es también que solo si respetamos el derecho de los demás habremos ganado el derecho a vivir en paz.