QUE SE DICE
Morir dos veces

Los hijos de la señora Elisa María Payano, muerta la pasada semana en una “celda” improvisada por las autoridades de Migración en el sótano del aeropuerto internacional Las Américas, se niegan a creer que su madre transportara cocaína en su estómago al momento de ser detenida, lo que de paso le provocó la muerte, como establece un informe dado a conocer cuatro días después de su fallecimiento por Patología Forense. ¿Cómo creer en esa versión si nunca se les dijo que su progenitora fue impedida de viajar por haber sido considerada sospechosa de transportar drogas? ¿Cómo aceptar como buenas y válidas las explicaciones de las autoridades cuando todavía siguen sin aparecer los 800 euros y los 100 dólares que llevaba consigo al ser apresada y encerrada? Roberto Rosado y José Manuel Daniel, de 24 y 19 años respectivamente, practicarán una necropsia al cadáver de su madre para confirmar la versión de las autoridades, negados a admitir que una mujer que llevaba varios años trabajando en Holanda como profesora de idiomas, muy conocida y respetada en San Pedro de Macorís, se prestara para servir de “mula” al narcotráfico. Resignados ya -¿qué otra cosa pueden hacer?- a la muerte, terriblemente injusta, de su madre, quisieran al menos salvarla de esta segunda muerte, infinitamente más indigna y dolorosa que la primera.

Complicándonos la vida

El embajador francés en República Dominicana, Jean Claude Moyret, es de opinión que los sucesos de Hatillo Palma, en Montecristi, nunca debieron pasar de un común hecho criminal atribuído a supuestos ciudadanos haitianos, por lo que las autoridades debieron concentrar su atención, desde el principio, en la captura y sometimiento a la justicia de los asesinos de la comerciante Maritza Núñez. En lugar de lo que indica la lógica y el buen sentido, precisamente de lo que hablaba el diplomático galo al comparecer a un programa de televisión, permitimos que los hechos se salieran de control, que la población tomara en sus manos la responsabilidad que compete a las autoridades al apresar y perseguir, constituida en turbas armadas, a nacionales haitianos en la frontera, y para colmo montamos un improvisado operativo de redadas masivas que no solo estuvo a punto de crearnos un conflicto, de repercusiones internacionales, con el país vecino, sino que fuimos también incapaces, en esas abusivas redadas, de separar a nuestra propia gente de aquellos a quienes echamos de tan mala manera de nuestro soberano territorio. ¡Cómo nos gusta complicarnos la vida!

Posición incómoda

En lo que el hacha va y viene o se asienta la densa polvareda que ha levantado el nuevo reglamento de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, felizmente derogado ayer por un decreto del Poder Ejecutivo, tal vez valga la pena detenerse -así sea a modo de reflexión- en el triste papel reservado al presidente Leonel Fernández en este bochornoso episodio. ¿Cómo pudo el mandatario, reconocido civilista, estampar su firma en semejante mamotreto? Esa es la pregunta que todavía se repite mucha gente que quisiera creer que el mandatario, por las prisas que impone a veces la tarea de gobernar un país tan complicado, no estuvo consciente -porque nunca lo leyó- de lo que firmaba. Esa gente pasa por alto, sin embargo, que cualquiera de las dos posibilidades coloca al Presidente en una posición muy embarazosa: si firmó sin leer, ha puesto en evidencia la ligereza conque se nos sigue gobernando a pesar de los dolores de cabeza que nos provocó, durante la pasada administración, esa forma de manejar los asuntos de Estado, pero si firmó a sabiendas, con conocimiento de causa, simplemente deshizo, con apenas un solitario y breve gesto, la que hasta ahora ha sido su posición moral e intelectual ante un tema tan sensible para la democracia como la libertad de expresión. ¿Cuál de las hipótesis prefiere usted?