QUE SE DICE
¡Ni ley, ni orden, ni paz!

Para las miles de familias que residen en la parte intramuros de Santo Domingo, la llegada de cada fin de semana supone  el comienzo de las horas más difíciles: llegan los momentos en que múltiples negocios de diversión, y muchos colmados de bebentinas, reciben a numerosos parroquianos, entre los cuales abundan los que son dados a pelarse, a escandalizar, reñir, disparar; y no hay quien tenga tranquilidad por los alrededores. Aunque en otros días de la semana el libertinaje también afecta, lo peor ocurre desde el viernes hasta la medianoche del domingo. Cuando uno observa el desorden y la forma en que los borrachos  y los  tipos indecentes  se comportan como chivos sin ley en la zona colonial,  hay que preguntarse: ¿Pero será verdad que en este país hay ley y autoridad? ¿De qué Policía es que venimos hablando? ¿De qué Politur es que se cacarea tanto?

PROBLEMA SOCIAL

Los embarazos en adolescentes van en números ascendentes en este país. La inmadurez física y emocional de estas embarazadas constituyen un problema difícil para los hospitales públicos y las clínicas privadas. Y para la sociedad es también motivo de preocupación  que muchas adolescentes, que deberían estar protegidas por sus padres y por un Estado que  propicie su  presencia en aulas, caigan precozmente en el rol de procrear. En ocasiones, la práctica  temprana del sexo sin precaución ocurre en situaciones de mucha pobreza  o en hogares deshechos. Continuamente, de la maternidad inoportuna se pasa a la prostitución en un país en el que es fácil traficar impunemente con la niñez y el sexo. Para reducir el alto índice de embarazos en la adolescencia, hay que esforzarse en varios órdenes para que haya mejor distribución del ingreso y menos delitos contra las familias.

EL EMBUDO DE AMET

Al tiempo de preocuparse  por perseguir las cosas que los automóviles tienen algo de más, como los plásticos que oscurecen los cristales, las autoridades deberían ocuparse también de otras  muchas cosas  que suelen estar  de menos como puede observarse en numerosos vehículos en mal estado , incluyendo motocicletas. Los motociclistas violan masivamente la ley que les obliga a usar cascos protectores.  Muchos transitan sin placas, sin luces y sin silenciadores. Y si se fuera a exigir el buen estado de los carros de concho, su presencia en las calles tendría que reducirse en mucho más de un 50% ¿Cómo es posible, preguntamos, que aquí se persiga el uso de cristales oscuros por parte de ciudadanos comunes mientras la generalidad de los secretarios de Estado, directores generales y altos oficiales circulan en yipetas y  buenos autos que tienen sus cristales entintados y no son intervenidos?