QUE SE DICE
Ni suspiros ni caricias

El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, como dicen por ahí, se canta y se llora. Tanto encabeza una concurrida Marcha por la Paz, como una forma de crear conciencia entre la ciudadanía sobre la necesidad de enfrentar todos juntos un enemigo que, como la violencia delictiva, se ha vuelto demasiado poderoso, como reclama a viva voz, con toda la autoridad de su investidura, que se aplique mano dura contra una delincuencia que no puede ser tratada con suspiros ni caricias. “Yo soy el primero que no quiere violencia, pero frente al que está creando violencia no hay más remedio que aplicar violencia para poderlo controlar”, ha dicho el prelado con la firmeza que se ha convertido en su marca de fábrica. De lo que López Rodríguez está hablando, matices mas matices menos, es de la bíblica Ley del Talión, del ojo por ojo diente por diente al que todavía se aferran los judíos, definitivamente más antiguo que el Código Procesal Penal que intentamos -contra viento y marea- echar adelante.

Sangre nueva

Las reformas estatutarias aprobadas en el Club Mauricio Báez por los perredeístas no solo prohíben sobre el papel, de manera expresa, la reelección presidencial, la manzana de la discordia que dividió al partido y precipitó la humillante derrota electoral, sino que también abre las puertas a la “sangre nueva” que habrá de reemplazar a un liderazgo petrificado y obsoleto, al instituir el voto secreto y universal para seleccionar a la dirigencia. Esa “sangre nueva” traerá, necesariamente, caras nuevas, nuevos nombres que pronto serán tan familiares como los de Vicente, Fello, Doña Milagros, Eligio y un largo etcétera de dirigentes que ya tienen su sitial ganado en el parnaso perredeísta, pero que deben ir abriendo espacio al inevitable relevo generacional. No sucederá, desde luego, de un día para otro, pero se trata de un proceso irreversible que ya se expresó, de manera sintomática, en la famosa consulta a las bases, pero que en la XXII Convención Ordinaria programada para el próximo mes de febrero se espera sacuda, de arriba abajo, las enmohecidas estructuras del partido del mítico jacho prendío.

De ayer a hoy

Hay que insistir en que no hace falta remontarse a los primeros latrocinios perpetrados en La Hispaniola a partir del establecimiento de la Colonia, tiempo ciertamente de excesos y rapacidades, para emprender un esfuerzo serio contra la corrupción administrativa, de adecentamiento de la gestión pública, como nos quieren hacer creer quienes parece estar convencidos, con razón o sin ella, de que la corrupción es una pandemia contra la que no vale la pena luchar en este país de silencios y complicidades. Y sugiere, esa lógica tan particular, que junto al expediente del Plan Renove, donde se habla de un fraude contra el Estado dominicano por más de mil millones de pesos, se remitan a la Justicia otros casos de dádivas y repartos de vehículos a sindicatos y choferes tan escandalosos -a su decir- como el Plan Renove mismo, si se quiere convencer a la opinión pública de la sinceridad de esta nueva cruzada. Se trata, por si no se han dado cuenta todavía, de los mismos expedientes que las anteriores autoridades tuvieron en sus manos, pero que no remitieron a los tribunales, su natural destino tanto en aquel momento como ahora. ¿Tiene esa gente derecho a reclamarle a este gobierno que haga lo que la anterior administración rehusó hacer por falta de coraje o voluntad política?