QUE SE DICE
Ni tanto, ni tan poco

Es lógico suponer que AMET, que concedió un plazo de quince días a los conductores para que retirasen el tintado de los vidrios delanteros de sus vehículos, tenía bien claros los criterios con los que trabajaría en la exigencia del cumplimiento de la medida, empezando por el universal principio de que la ley es igual para todos y que todos, pobres y ricos, funcionarios y ciudadanos de a pie, están obligados a cumplirla. Las numerosas quejas de conductores que alegan se actúa con privilegios en la imposición de multas a quienes, a pesar del plazo de AMET, todavía andan por ahí con sus cristales polarizados, demuestra que eso no quedó muy claro entre sus agentes, que tampoco parecen saber que la franja de entintado que muchos conductores colocan en la parte superior del cristal, que algunos vehículos traen incluso de fábrica, no viola la ley, pues solo sirve para proteger del sol al conductor y de ninguna mamera impide la visibilidad hacia el interior del automóvil. Lo ideal es que AMET no sea tan débil que se muestre incapaz de exigirle a los ricos y poderosos que cumplan la ley, ni tan fuerte que incurra en abusos y arbitrariedades innecesarias contra la ciudadanía. Cuestión de simple equilibrio.

Un problema de seguridad

Hay quien ha interpretado la decisión del Claustro Menor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo de otorgar el título de doctor Honoris Causa al presidente Leonel Fernández como una especie de desagravio, como una forma de contrarrestar los efectos que ha tenido en la opinión pública la revelación periodística, atribuida a informes de organismos de seguridad del Estado, de que grupos estudiantiles planeaban agredir al mandatario durante una visita al recinto, tal y como ocurrió, hace algunos meses, con el ex presidente Mejía, información que al parecer tenía algún asidero, pues obligó al mandatario a desistir de participar en el acto. La concesión del Honoris Causa, sin embargo, hace necesaria la presencia del presidente Fernández en el recinto universitario y obliga, inevitablemente, a formularse la pregunta. ¿Quién está en capacidad de garantizar que esos grupos no aprovecharán esa visita para hacer pasar un mal rato al Presidente?

Desconocidos

Un periódico contaba ayer que modernos equipos médicos, valorados en alrededor de 400 millones de pesos, que estaban depositados en el hospital Luis E. Aybar (antiguo Morgan) hasta tanto se termine la instalación de un Centro de Cirugía Cardiovascular, Oftalmología y Neurocirugía, desaparecieron misteriosamente de ese centro asistencial, acción que el periódico atribuye a “desconocidos”. Entre lo robado hay un moderno equipo de cirugía craneal valorado, a precio de mercado, en más de 100 millones de pesos que fue a parar a esas desconocidas pero afortunadas manos, como desconocidos siguen siendo los nombres de los “particulares” que todavía tienen en su poder autobuses de la OMSA, o aquellos otros, también desconocidos, a los que no ha habido manera de convencerles de que devuelvan las propiedades públicas a las que le cogieron tanto cariño mientras servían a la Patria para poder servirse, junto a su numerosa prole, con la cuchara grande. ¿Hasta cuándo?