QUE SE DICE
Pecado por omisión

Nadie puede devolverle la vida a esos muchachos, pero alguna lección habrá que sacar de lo irremediable, sobre todo cuando termina siéndolo por la falta de coraje para hacer lo que hay que hacer cuando todavía hay tiempo de hacerlo.

Hace poco más de dos años, cuando una comisión especial de la Secretaría de Educación recomendó remover al diácono Emeregildo Díaz de la dirección del Centro Infantil Hainamosa luego de investigar denuncias de padres y profesores sobre sus inconductas, había tiempo de hacer algo, de impedir que continuase interactuando con esos jóvenes, ejerciendo su perversa influencia sobre muchachos que por su condición de pobreza eran doblemente vulnerables a la vileza de sus interesadas dádivas. Evidentemente nada se hizo, a pesar de que doña Milagros Ortiz Bosch remitió el informe de sus comisionados a las “autoridades esclesiásticas” correspondientes, como ha repetido en varias ocasiones la ex secretaria de Educación. La historia, desgraciadamente, ha vuelto a repetirse una vez mas, por lo que solo queda la resignación a la que obliga el peso terrible de los hechos cumplidos, y si acaso el consuelo de este inútil reproche hacia aquellos que nos han hecho recordar que el pecado por omisión puede ser el peor de todos.

Empadronados

El curioso que se invente un servicio -con delivery desde luego- de limpieza, depuración y certificación de padrones partidarios se ganaría un buen dinero en estos días, cuando los principales partidos del sistema -PLD, PRD y PRSC- está empeñados en renovar sus estructuras sin descalabrarse en el intento. Y es que todos los problemas giran -en unos mas y en otros menos- alrededor del bendito padrón, definitivamente la herramienta más plural, abierta y participativa de nuestra democracia, pues ahí cabe todo el mundo; los militantes propios y ajenos, los curas y los guardias, y por supuesto también aquellos que alguna vez dejaron el mundo de los vivos pero que todavía siguen viviendo, en una suerte de eternidad electoral, en el padrón de su partido. El asunto, sin embargo, no es para tomárselo a relajo, como lo demuestran las denuncias hechas por Luis Ynchausti sobre adulteraciones maliciosas al padrón peledeísta, o el runrún que anda por ahí, todavía sin confirmar, de que la próxima posposición de la convención del PRD será a causa de un padrón demasiado famélico después de una limpieza demasiada profunda.

Tragedia en Jimaní

La más grande tragedia de Jimaní y su gente no ha sido la riada del río Soliette, que dejó -mal contados- 398 muertos, 278 desaparecidos y novecientas y tantas casas destruídas, sino la indolencia que ha terminado convirtiéndose en política de Estado a todo lo largo y ancho de la zona fronteriza, desde Montecristi hasta Barahona. La tragedia, simplemente, obligó al resto del país a fijar sus ojos en lo que allí ocurre, en la vida miserable de sus habitantes, y hasta logró que, en medio de la inmensa herida abierta por tanta muerte y desolación, el gobierno de Hipólito Mejía asumiera la responsabilidad de reconstruir lo dañado, como efectivamente hizo al reparar más de 300 casas y reconstruir el mercado público y el hospital. Poco duró esa felicidad, tratándose -como bien es sabido- de casa de pobre, pues tan pronto se marcharon los antiguos inquilinos del Palacio Nacional todo quedó paralizado; desde entonces Jimaní volvió a ser Jimaní y en el gobierno han vuelto a caer en la cuenta de que a nadie le importa lo que pase en la frontera.