QUE SE DICE
Percepciones

Volvamos a proclamarlo una vez mas, aunque suene repetitivo, cansón y poco original: en política, la percepción que se tenga de la realidad, de la naturaleza de determinados hechos, es más relevante que la realidad misma, por lo que casi siempre termina suplantándola. ¿Hay algún ciudadano o ciudadana que, en estos momentos, no esté convencido de que el gobierno “le cogió miedo” al ex presidente Hipólito Mejía al suspender indefinidamente la citación que le hizo la Fiscalía del Distrito Nacional, interesada en conocer los vínculos del ex mandatario con el ex capitán del Ejército Nacional Quirino Paulino Castillo? Poco importa ya, colapsada la esperanza de que fuera este gobierno el que le pusiera el cascabel al escurridizo gato de la corrupción administrativa, qué tan copiosa pueda ser la “lluvia de nuevas evidencias” que, según el fiscal Manuel Hernández Peguero, lo obligaron a tomar su controvertida decisión. De todas maneras el gobierno, tan susceptible a las veleidades de la opinión pública, no tiene porqué romperse la cabeza buscándole justificaciones a su marcha atrás, pues al fin y al cabo una vieja expresión que venimos escuchando desde que éramos chiquitos le viene como anillo al dedo: el miedo es libre.

Ejercicio inútil

Aunque en resumidas cuentas resulte un ejercicio inútil, requetesabido y confirmado que AMET solo presta oídos a su propio librito, hay que insistir en que sus agentes no están facultados legalmente para incautar la licencia de conducir de los infractores de la ley 241 de tránsito, pues se trata de un derecho reservado exclusivamente a la Policía Nacional. Sin embargo entre el lunes y el miércoles pasados AMET incautó cerca de 3,000 licencias a conductores cuyos vehículos circulaban sin el marbete de la revista, que una vez en el tribunal serán condenados a multas que oscilan entre los cinco y los cincuenta pesos. Se ha dicho siempre que esa incautación obedece a que AMET no tiene otro mecanismo de obligar a los infractores a pagar las multas que impone, que se han convertido en una fuente contributiva digna de consideración, pero se calla el hecho de que se prefiera perpetuar una evidente ilegalidad en lugar de modificar la ley 241 para que AMET pueda incautar licencias o, simplemente, encontrar otra forma de cobrar esas multas, como se estila en los países donde los contribuyentes son tratados con el respeto y consideración que merecen.

¡Ahí viene el tren!

Independientemente de quién tenga la razón con respecto a lo que significará para República Dominicana la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC), si los que plantean que provocará la quiebra de importantes sectores productivos y la pérdida de miles de empleos, como sostiene el vicepresidente del Consejo de Unidad Sindical, el legendario Pepe Abreu, o aquellos otros que definen ese acuerdo como el mejor escenario para generar un crecimiento económico sostenido para el país, como plantea el nuevo presidente de la Cámara Americana de Comercio, Kevin Manning, lo cierto es que por lo visto y oído (con perdón de Susanita Morillo) no parece haber muchas opciones disponibles; o aprovechamos el TLC para subirnos al tren que nos conducirá al progreso y la definitiva eliminación de la pobreza, o nos quedamos cruzados de brazos mirando cómo se marcha sin nosotros la última oportunidad que nos queda de salir de la indigna condición tercermundista. ¿Cara o cruz?