QUE SE DICE
Rectificaciones

Si cierto es que errar es de humanos y rectificar de sabios, también lo es que la prisa, en materias tan delicadas, es siempre muy mala consejera. La reintegración de cientos de oficiales y alistados, a los que el Poder Ejecutivo canceló y degradó hace tan solo un mes, puede ser calificada como un acto de necesaria justicia, pero igualmente actualiza las críticas que se formularon en su momento contra una decisión que tenía las características de una purga indiscriminada, con todas las consecuencias que trae hacer las cosas de esa atropellada manera simplemente para “cortar por lo sano”, como explicó el Almirante Sigfrido Pared Pérez. Esas consecuencias, preciso es señalarlo, no fueron otras que una gran cantidad -algunos medios hablan de la reintegración del 75% de los miembros del Ejército Nacional puestos en retiro- de oficiales y alistados sacados de circulación al margen de la ley orgánica de las Fuerzas Armadas, con lo que se incurrió en el mismo pecado que se pretendía corregir. Hay que felicitar, de todas maneras, a los agraciados que tendrán la oportunidad de volver a ponerse el uniforme, confiando -eso sí- que la sabiduría que entraña esta oportuna rectificación no se convierta en genialidad de tanto corregir improvisaciones como la que acaba de ser enmendada.

A cuentagotas

Que nadie se haga excesivas ilusiones: la mentada profilaxis, con la que se intentará sacar de las filas de la Policía Nacional las manzanas podridas no será, en un primer momento, todo lo amplia o profunda que requieren los niveles de descrédito en que ha caído esa institución, pues la prudencia aconseja, como bien explica el doctor Franklyn Almeyda, secretario de Interior y Policía, que ese proceso se lleve a cabo de manera gradual, dosificadamente, a fin de evitar los indeseados efectos que acarrearía lanzar a las calles a cientos de agentes con vocación delictiva, pero más que nada en capacidad, por experiencia y conocimiento de causa, de agravar aún más el serio problema de seguridad pública que ya tenemos. Gente que acostumbra leer entre líneas dirá, tal vez con razón, que ese cuidado que se pondrá en la depuración es el mejor indicador de lo extendida que está la maligna enfermedad en el cuerpo policial, al extremo de que el paciente corre el riesgo de fallecer mientras recibe el tratamiento. ¿Realmente será tan grave la cosa?

Rehenes

En Barrio Lindo, en La Caleta, Boca Chica, quisieran ver con carácter de urgencia a cualquiera de los 15,000 agentes policiales enviados la pasada semana a las calles a combatir la delincuencia, precisamente la misma delincuencia que los mantiene virtualmente confinados en sus casas, pues las calles, sobre todo en horas de la noche, son territorio para uso exclusivo de las distintas bandas juveniles que operan a sus anchas en esa comunidad. La situación de los residentes en Barrio Lindo, desgraciadamente, no es muy diferente a la que enfrentan cientos de barrios a todo lo largo y ancho del territorio nacional, pero ese tonto consuelo solo sirve para ahondar aún mas el sentimiento de impotencia que los ha convertido en rehenes de su propio miedo.