QUE SE DICE
Repatriados

Hay que presumir que el Procurador General de la República no ha querido provocar alarma sino expresar una preocupación, pero lo cierto es que su revelación de que cinco mil ciudadanos haitianos recién deportados de Estados Unidos podrían utilizar el territorio dominicano para seguir cometiendo aquí sus fechorías, a los que habría que agregar otros dos mil que se estima se han fugado de las cárceles del vecino país, no puede dejar a nadie indiferente ni tranquilo. Hasta ahora nadie ha podido demostrar, con estadísticas en las manos, que los haitianos sean un componente importante en el grave problema de criminalidad y violencia que tenemos, pero lo mismo puede decirse de los compatriotas, que también se cuentan por miles, que las autoridades norteamericanas han repatriado tras cumplir condenas en sus cárceles.

El hecho de que nadie esté llevando la cuenta de los delitos que cometen unos y otros, sin embargo, no quiere decir que no estén ocurriendo o que no representen -como en el caso de los haitianos- una nueva amenaza a la de por sí deteriorada seguridad ciudadana, algo que habrá que agradecerle -sabrá Dios si eternamente- al doctor Francisco Domínguez Brito.

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Mediador fallido

Resulta obvio que en el Partido Revolucionario Dominicano, por lo menos entre su alta dirigencia, todavía no le han perdonado a monseñor Agripino Núñez Collado su decisivo papel la noche del 16 de mayo del 2004, resentimiento que algunos llevan tan a flor de piel que les brota tan pronto se presenta la oportunidad. Ha sido el caso, hace unos cuantos días, del ingeniero Ramón Alburquerque, su recién electo presidente, quien acusó al Diálogo Nacional de intentar suplantar, con su excesivo protagonismo, nuestras instituciones, pero ayer mismo fue el doctor Enmanuel Esquea Guerrero le restó calidad a monseñor Núñez Collado para encabezar esa instancia de mediación por ser, en sus palabras, “prácticamente un empleado del gobierno”. Ese resentimiento en carne viva tal vez sea el que explique el poco éxito de Núñez Collado en amarrar un pacto que haga posible la aprobación en el Congreso Nacional de la reforma fiscal, diligencias en las que el Palacio Nacional tenía cifradas sus esperanzas de ahorrarse indeseados encontronazos políticos. ¿Moraleja? Si el gobierno, el PLD o cualquier otra fuerza política o sector de la vida nacional desea entenderse con el PRD, el principal partido de oposición, no es recomendable que recurra al que ha sido, hasta ahora, el mediador por excelencia de nuestras inacabables y recurrentes crisis.

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Humanas tentaciones

Desde que el país supo, para espanto general, que la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) no incinera las drogas incautadas desde agosto pasado, incluídos los 1,387 kilos de cocaína requisados a Quirino Ernesto Paulino Castillo y compartes, hay que hacerse la obligatoria pregunta cada vez que las autoridades antinarcóticas informan la captura de un nuevo alijo, como la heroína incautada el fin de semana en los aeropuertos de Punta Cana y Las Américas: ¿existen garantías, allí donde está siendo almacenada, de que no se producirá ninguna “fuga” que devuelva parte de esa droga a las calles como ha ocurrido ya tantas y tantas veces? La respuesta a esa pregunta, de parte de las actuales autoridades al frente de la DNCD, será sin duda afirmativa, lo que nadie piensa poner en discusión o en tela de juicio, como nadie sería capaz de discutir tampoco que el millonario valor de esa droga (solo lo incautado a Quirino se calcula en más de 300 millones de dólares) es una fuente permanente de tentación para los responsables de su custodia, simples mortales sobreviviendo en un mundo en extremo materialista.