QUE SE DICE
Toreando los problemas

En este país tenemos la mala costumbre de marcharle a los problemas cuando ya son demasiado grandes para lidiar con ellos, para encontrarle una solución satisfactoria, tal y como ha sucedido con el negocio de medicamentos que ha florecido en Moca, provincia Espaillat, durante los últimos años, que mueve millones de pesos, proporciona sustento a cientos de familias y “beneficia”, vía la adquisición de medicamentos a precios muy por debajo de los que rigen en el mercado, a miles de dominicanos y dominicanas. Ese mercado ilegal, sin embargo, no empezó con los 169 establecimientos que hoy existen, prácticamente toda una calle, ni es tampoco ahora, cuando la Dirección Nacional de Drogas y Farmacias de la Secretaría de Pública, decide clausurarlos, que se descubre el grave riesgo que representan para los usuarios medicamentos que se venden sin ningún control, muchos de ellos falsificados. El impacto socioeconómico que ha tenido esa intensa actividad comercial en Moca es lo que ha provocado que sea la propia gente a la que se pretente proteger la que impida, por medio de la fuerza, que Salud Pública haga su trabajo incautando las medicinas y cerrando los negocios, lo que obligará a las autoridades a replantearse la solución de un problema que nunca debió adquirir las preocupantes dimensiones que hoy tiene.

Llamado de alerta

No hace falta recurrir a dramáticos llamados de alerta a las “autoridades competentes” para advertir sobre la peligrosidad que supone para la imagen de un país que vive, prácticamente, del turismo, agresiones como la ocurrida la pasada semana en una comunidad rural de Puerto Plata, donde un autobús repleto de turistas fue asaltado por encapuchados fuertemente armados, así como el intento de atraco en Pimentel a un minibús en el que viajaban turistas norteamericanos hospedados en Las Terrenas, al que los frustrados atracadores llegaron incluso a dispararle. Hay quien se niega a ver estas ocurrencias como hechos aislados, producto de la criminalidad que campea por sus fueros en nuestros campos y ciudades, al señalar que lo que se busca es dañar deliberadamente, en forma alevosa, una industria tan sensible a ese tipo de desmanes. Nadie quisiera creer, en realidad, en la validez de esa hipótesis, pero en lo que se averigua el caso las autoridades deben detener, antes de que el daño sea irreparable, esas tropelías.

Carteristas al acecho

La delincuencia nuestra de todos los días ataca en los sitios más inesperados, por lo que hay que andar, no importa donde usted vaya, con los ojos bien abiertos, para evitar ser víctima de los malandrines. Eso lo han podido comprobar, muy a su pesar, muchas amas de casa que acuden al supermercado a la caza de especiales, muy concurridos en estos tiempos de estrecheces y presupuestos estirados hasta lo inverosímil, aglomeración que aprovechan los carteristas para hacer de las suyas. Así que ya puede darse por enterada: la próxima vez que visite el supermercado, sobre todo los días de grandes descuentos y especiales, mantenga a buen recaudo su cartera y cuídese si alguien, inexplicablemente, se le pega demasiado, pues probablemente no lo haga por exceso de cariño o falta de espacio.