Qué se dice
Burla burlando

Ha provocado justificada indignación el aplazamiento, hasta el próximo 16 de mayo, del juicio que se sigue en el Segundo Tribunal Colegiado del Distrito Nacional a un hombre que le cercenó las manos a su ex esposa por negarse a la reconciliación, mas que nada por las razones detrás de ese aplazamiento: la no comparecencia al tribunal del abogado del imputado, por encontrarse -supuestamente- fuera del país. La magistrada Daira Medina, presidenta interina del tribunal, concedió un plazo de cuatro días al susodicho para que explique porqué no se presentó a la audiencia, pero si en ese tiempo el requerido no se presenta se le asignará al imputado un defensor público. Sabido es que a pesar de la entrada en vigencia del Código Procesal Penal abundan todavía en nuestra justicia los abogados incidentalistas, diestros en trampas y triquiñuelas al amparo de la ley o de su interpretación acomodaticia, por lo que habrá que mantenerse con los ojos bien abiertos ante lo que parece un descarado intento por burlarse del imperio de la ley y la justicia.

Quien no lo conozca…

 Opina Amable Aristy Castro, con absoluto conocimiento de causa, que las razones por las cuales se han disparado los costos de las campañas electorales son los altos precios de la publicidad y el clientelismo, por lo que dijo ser partidario de que se reglamenten tanto las campañas internas de los partidos políticos como las presidenciales, a fin de que tengan una duración no mayor de cuatro meses. Aristy Castro, quien se define a sí mismo como el candidato de los pobres, abriga la esperanza de que en un futuro cercano “podamos cambiar la mentalidad de nuestros electores, pero para ello es necesario crearles fuentes de empleos y que los gobiernos resuelvan las necesidades de los desamparados”.

Indolencia

El “nuevo” mercado que se construye, desde hace 14 años, en Villa Consuelo, es otro de los tantos monumentos a la indolencia que han erigido, a todo lo largo y ancho de nuestra insular geografía, nuestros gobiernos, de la que también se han contagiado los ayuntamientos. Todas y cada una de las administraciones municipales que se han sucedido desde que Rafael Corporán de los Santos inició su construcción en 1994 han prometido terminarlo, y la excepción no ha sido Roberto Salcedo, quien llegó incluso a desalojar a los vendedores instalados en sus alrededores, pero la cosa no pasó de un ruidoso aguaje, mientras las ruinas del mercado sirven de guarida a maleantes y malvivientes. Y así parece que seguirán por mucho tiempo, esta vez a la espera de que la Oficina Supervisora de Obras del Estado, a la que se le endosó la responsabilidad de terminarlo, consigue los recursos conqué reiniciar los trabajos, mientras al ayuntamiento capitaleño y su síndico concentran sus esfuerzos en el embellecimiento de nuestras grandes avenidas, en la construcción de hermosos parques infantiles o perpetrando la transformación de la arrabalizada plaza Omar Torrijos, en el Malecón de Santo Domingo, en un moderno helipuerto.