QUE SE DICE
De hoyo en hoyo

Uno siempre creyó, porque así nos lo hicieron creer, que el mentado hoyo de Baninter, que las autoridades monetarias y financieras calcularon -a ojo de buen cubero- en 55 mil millones de pesos, era el más grande de nuestra azarosa historia republicana, que gracias a ese inmenso sumidero estamos padeciendo todavía los estragos de la brutal devaluación de nuestra moneda, con todas sus fatales consecuencias, entre ellas el haber convertido a la vapuleada clase media en una patética caricatura de sí misma. Ocurre, sin embargo, que el licenciado Miguel Cocco, flamante Director General de Aduanas, ha venido a quitarnos la venda de los ojos, al revelar que en los últimos cuatro años la evasión fiscal alcanzó la astronómica cifra de cien mil millones de pesos, poco más del doble del agujero culpable de todos nuestros males. Mientras tanto, seguimos enfrascados en una negociación con el Fondo Monetario Internacional que ha sido definida como de vida o muerte por propios y extraños, pero más que nada intentando convencer a sus técnicos de que un país donde ocurren esas cosas, sin que parezca haber intención de castigar -como manda la ley- a los responsables, merece la ayuda que dice necesitar con tanta urgencia.

La escobita de AMET

Aprovechando que la escobita, por ser nueva, está barriendo a las mil maravillas en AMET, es oportuno recordar a las autoridades responsables de la supervisión y regulación del tránsito vehicular, con el mayor general José Sigfredo Fernández Fadul en primera fila, que todavía está prohibido que motores, autobuses y camiones pesados transiten por los túneles y elevados, a pesar de que últimamente suele vérseles, como si tal cosa, violando una disposición que busca tan solo garantizar la seguridad de quienes los utilizan. Se trata de la violación a una disposición que puede evitarse con tan solo colocar una vigilancia continua, permanente, en algunos puntos estratégicos, porque así de permanente es la vocación de nuestros conductores a violar la ley, aunque pongan en riesgo, de manera irresponsable, sus propias vidas y las del resto de usuarios de los túneles y elevados.

Policías y bandidos

Tal y como se había prometido el Consejo Superior Policial inició el anhelado proceso de depuración dentro de las filas de la Policía Nacional, con una primera “partida” de 193 alistados y oficiales que no solo serán separados, de manera definitiva, del cuerpo del orden, sino que muchos de ellos serán sometidos también a la acción de la Justicia, para que respondan ante los tribunales por sus faltas. Se trata, aunque cueste creerlo, de policías que fueron “enganchados”, como se decía antes, a pesar de tener antecedentes penales, incluído un dominicano deportado de los Estados Unidos, donde estuvo preso en una cárcel federal por violación a la ley de drogas. Siempre se ha dicho que la Policía recluta, en calidad de confidentes o informantes, a gente del crimen o vinculada al bajo mundo, para auxiliarse de esa ralea en una lucha ciertamente desigual, pero es evidente que por ese camino se llegó tan lejos que ahora resulta muy difícil establecer la diferencia entre policías y bandidos.