QUE SE DICE
Equilibrio monetario

Es probable que la economía dominicana haya rebasado una prueba muy difícil en estos días, pues sobre el mercado cambiario se habrían estado ejerciendo fuerzas especulativas de todo género, con poderosos generadores de divisas retardando canjes, y otros creando expectativas falsas sobre eventuales compras masivas. Para desilusión de quienes aspiran a que el peso siga lo más devaluado posible, el dólar parece anclado en torno al 33 por 1, con leves subidas y bajadas. Ni sube intensamente la demanda como para que la tasa se eleve, ni baja agudamente la oferta como para encarecer la importante moneda. Parece muy evidente que el nerviosismo y la incertidumbre que dominaban en la escena anteriormente han dejado de influir en los comportamientos económicos. Comienza a ser factible proyectar inversiones sin temor a cambios extraordinarios en el valor de las medios de cambio.

Ladrones de su cuenta

Es tanto lo que se roba en este país – al margen de los clásicos delitos de cuello blanco- y es tan escasa la confianza de la gente en la posibilidad de recuperar lo que le hurtan, que en realidad la Policía solo se entera de una parte de las acciones delincuenciales cuando son poco trascendentales. Basta con leer la información firmada por el colega Diógenes Tejada en la edición del vespertino El Nacional de antier para traer a colación algo que todos sabemos: los ciudadanos son víctimas frecuentes de hurtos que no reportan a las autoridades, sencillamente por que suponen que no habrá efectivas investigaciones y persecuciones policiales. La crónica de Tejada habla de una ola incontenible de robos en el sector El Pensador, cercano al Faro a Colón, un área bien vigilada (se supone) con puestos de  la policía ordinaria, más otro de la policía turística, más un cuartel de la Marina de Guerra, etcétera, etcétera. Con todo, los cacos son dueños y señores, azotan estacionamientos y casas habitadas. Los asaltantes se mantienen tan activos que incluso recientemente un ayudante fiscal fue víctima de ellos en los alrededores del  célebre faro.

¿El código o la aplicación?

En este país de el palo si bogas y palo si no bogas  estuvimos regidos hasta hace poco por unos procedimientos judiciales  en los que no faltaban las arbitrariedades, flexibilidades y complicidades, lo cual siempre restó eficacia a las acciones contra el crimen. Las autoridades han cambiado de librito pero algunos observadores se alarman y preocupan prematuramente solo porque, en efecto, las  nuevas reglas hablan de probar antes de castigar y reafirman que todo ciudadano es inocente hasta que se pruebe lo contrario. La visión de algunos pesimistas es que va a predominar la permisividad en beneficio de los delincuentes, pero lo cierto es que independientemente de lo que señalen los procedimientos, lo que importa más es que las autoridades sean diligentes, serias, responsables y que dispongan de recursos modernos para la investigación, a tono con las innovaciones que han llegado. La Policía y la justicia fracasaban cuando tenían ciertas licencias para excederse y no tendría sentido que los fracasos que podrían tener a partir de ahora tengan deberse  a que carecen de esas licencias.