Qué se dice
La gran farsa

Quien vio por televisión, el pasado domingo, a Víctor Gómez Casanova arremeter, con el desafiante tono de un gallito de pelea con las espuelas puestas, contra el presidente Fernández, a quien acusó de patrocinar la usurpación de los símbolos del PRSC y amenazó, de paso, con llevar ante los tribunales de justicia, pudo haberse sorprendido un poco al verle ayer muerto de risa, departiendo animadamente con el mandatario en un acto social, como si nunca hubiera dicho lo que dijo y en el tono y las circunstancias en que lo dijo. Con razón hay gente que insiste en comparar a nuestros políticos con los luchadores, esos ruidosos patanes que se ufanan de su capacidad para la violencia y la agresividad verbal, que se rompen hasta el alma a golpes e insultos, cuando la verdad es que solo se trata de un bien montado espectáculo, de una excelente representación teatral con héroes y villanos, nobles y canallas, y donde cada quien está perfectamente consciente del papel que le toca representar en la gran farsa.

Repatriados

Solo un 1% de los dominicanos repatriados desde los Estados Unidos en los últimos catorce años ha delinquido en el país, en tanto entre un 30% y un 40% de esos repatriados ha regresado, de manera ilegal, a territorio norteamericano, pues allí es donde tienen sus vínculos familiares y afectivos. Las datos surgen del seminario “Los repatriados de Estados Unidos: problemáticas y alternativas de solución”, celebrado antier en la biblioteca Pedro Mir de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con los auspicios de la facultad de Ciencias Jurídicas de la UASD y el Centro de Investigaciones y Estudios Sociales de la Universidad Iberoamericana (UNIBE), y constituyen un oportuno desmentido a las recurrentes afirmaciones, muchas de ellas provenientes de esferas de autoridad, de que los deportados son un factor determinante del grave problema de criminalidad y delincuencia por el que atraviesa la sociedad dominicana.

Vacaciones legislativas

Los peledeístas en el poder no solo han demostrado que son de carne y hueso, como todos nuestros políticos, y por lo tanto susceptibles de reproducir todas las mañas y vicios con los que nos han desgobernado a lo largo de casi dos siglos, sino que también han terminado confundiendo, como tantos otros -incluídos algunos de nuestros más feroces dictadores- gobierno con Estado. ¿De qué otra forma interpretar la decisión del presidente de la Cámara de Diputados, Julio César Valentín, y del doctor Reynaldo Pared Pérez, presidente del Senado, de convocar a sesiones para el ocho de mayo próximo para permitir que los legisladores se dediquen a tiempo completo a trabajar por sus candidatos favoritos en el proceso interno peledeísta? Cualquiera diría, así las cosas, que el Congreso Nacional está al servicio del partido en el gobierno, que constituye mayoría en ambas cámaras legislativas, y no de los ciudadanos y ciudadanas que pagan con sus impuestos los jugosos salarios de sus “representantes”.¡Que viva la democracia!