QUE SE DICE
Mangú y nacionalidad

Más dominicano que un plátano. Así se definió ayer Alex Rodríguez, tercera base de los Yankees de Nueva York, pero igualmente pudo haber dicho de la batata, la yuca -sobre todo la mocana- o el casabe, sabores, olores y texturas que también identifican la dominicanidad, esa que no precisa de actas de nacimiento o de la cédula de identidad y electoral, pero tampoco arroparse todas las noches con la enseña tricolor. Aún así habrá quien se niegue a creer en la proclamada dominicanidad del mejor pelotero del mundo (¿o acaso dejó de serlo desde que lo apeamos del altar de nuestros dioses beisboleros?) después de cometer el imperdonable pecado de informarle al mundo, en su inglés perfecto y sin acentos, su lugar de nacimiento, allí donde tuvo la dicha de ver la luz por primera vez, al igual que tantos hijos de dominicanos y dominicanas que dejaron su tierra en busca de un mejor lugar donde vivir y ver crecer, rodeados de oportunidades, a sus retoños. Pero así somos y así seremos, por lo menos mientras la dominicanidad se debata al calor de nuestra pasión por el béisbol, o Alex Rodríguez necesite compararse con un plátano para defender su derecho a ostentar la nacionalidad que se le regatea con tan mezquinas razones.

 Oficios mal pagados

Un asiduo lector de esta columna nos ha hecho llegar una relación de los requisitos que deben reunir, de acuerdo a la Ley General de Educación 66-97, quienes aspiran a ingresar a la carrera docente, a propósito del comentario que hiciéramos ayer sobre las nuevas exigencias que hará la Policía Nacional a quienes quieran pertenecer a sus filas, a cambio del fabuloso salario de 3,300 pesos -chelitos mas chelitos menos- al mes. Si alquien desea ser maestro de nuestra enseñanza pública deberá ser un profesional egresado de las escuelas normales-superiores, universidades, institutos y entidades superiores de educación (previa observación del requisito de convalidación), reunir las cualidades morales, éticas, intelectuales y afectivas necesarias, así como los conocimientos y competencias requeridas para el ejercicio de la función específica a desempeñar dentro del aula o en actividades afines a la enseñanza. Esos requisitos superan, como puede fácilmente apreciarse, los que se exigen a los futuros agentes del orden, lo que no tendría nada de malo si no fuera porque ese maestro terminará ganando cien pesos menos que el policía, con el agravante de que en su caso no existe el riesgo de que se ponga de parte de los delincuentes.

La condena

El Partido de la Liberación Dominicana ha condenado, como era de esperarse, las acciones vandálicas de su militancia en el Centro de Gastroenterología del hospital Luis E. Aybar, al tiempo que urgió a los funcionarios y gerentes de entidades gubernamentales a designar las comisiones internas, tal y como les sugirió la Comisión de Designaciones, a fin de proceder lo antes posible a revisar las recomendaciones y sugerencias de empleos de los peledeístas. Esa “condena” no menciona por ninguna parte, sin embargo, la sanción que se aplicará a los responsables de ese hecho, a pesar de que no es la primera vez que la impaciente militancia peledeísta protagoniza un episodio tan bochornoso. ¿Cómo garantizar, entonces, que esas cosas no volverán a ocurrir, si no existe un castigo que disuada a esa militancia de cometer otro atropello contra la institucionalidad y el orden público?