Qué se dice¡Oh, el refajo!

 Algunos vecinos del lugar, gente que sabe de ingeniería hidráulica, lo vaticinaba desde el principio en conversaciones privadas: el flamante parque de la avenida Núñez de Cáceres está lleno de colorido, pero tiene los pies de barro y a la primera ocasión el agua estancada allí va a dar problemas. Y en efecto, tras algunas lluvias el mal olor no se puede soportar  en el entorno  de la obra de costo millonario.

  Una preciosura pero fue porque  al construir pusieron todo el énfasis en las apariencias y no en la solución permamente de un problema ambiental. Es evidente que mientras no se construya el desagüe trunco que debe llevar todas las aguas  residuales y pluviales del sector hasta el mar Caribe o a una planta de tratamiento de envergadura, el problema persistirá. El parque de la Núñez no va a pasar por ahora de ser una laguna limosa y fétida aunque le hayan puesto un traje de gala. Ocurrirá como con algunas señoras de otros tiempos que, bien vestidas y todo, al inclinarse demasiado se les veía el refajo. Aquí bastarían un par de aguaceros para que los disimulos fallen.

Los inventos del síndico

  En ocasiones el síndico del Distrito Nacional ha tenido un don especial para convocar las iras de los munícipes. Su  pasión de trasplantar palmas en todas las decoraciones urbanas          escandalizó a los conservacionistas preocupados por el origen de las plantas. Luego se inventó unos puntos para traspasar basuras de unos camiones a otros en los barrios, que causaron rebeliones en los vecindarios. Su “rescate” de la avenida Duarte ha sido un tormento irremediable. Su nueva originalidad es construir un helipuerto en el Malecón ha despertado la furia de los avernos. Ha caído mal su idea de suprimir el parque Omar Torrijos, levantado  en honor a una de las figuras continentales de la contemporaneidad que mantuvo una estrecha y provechosa relación con sectores liberales de esta nación. Hacer una obra para el beneficio exclusivo de la  exigua minoría que puede disponer de helicópteros en este país no puede parecerle gracioso ni conveniente a la gente sensata. Roberto Salcedo debe empeñarse en cosas de más sentido común, favorables a la naturaleza y respetuosas de la historia. Que se vaya con sus helicópteros a otra parte. Que haga la pista esa junto a la mansión a lo Beverly Hill que se construyó en Metro.

La prueba anti-sexo

  En verdad, la práctica sexual tempranera, precoz o prematura (como se le quiera llamar)  es ya, en virtud de modernidades traídas de otros medios, algo que se ha extendido; la terrible consecuencia es que muchas adolescentes salen embarazadas porque la pobreza el ambiente barrial y familiar en que viven, con escasa educación y nunca conciencia sobre los efectos indeseables del coito sin protección ni planificación las vuelve madres sin estar preparadas para ello, física ni emocionalmente. La vida sexual de los jóvenes dominicanos se ha ido adelantando al ritmo de los tiempos, pero así como hay desprevenidas  en clases más depauperadas, también hay muchachas con escolaridad en orden, equilibrio emocional y sentido de previsión que se han alejado  de la tradición de conservar la virginidad hasta subir al altar. La realidad es que  algo tan personal e íntimo como el himen no podría ser rastreado prejuiciosamente como se buscan los trazos de esteroides en los peloteros.