QUE SE DICE
Sombras en un mercado

El director de Aduanas, Miguel Cocco, se quejaba en estos días de la gran cantidad de teléfonos móviles (celulares) que por diversos medios son traídos al país sin pagar impuestos y sin que los evasores confronten dificultades para conectarse a los sistemas de comunicación. Al mismo tiempo el funcionario formuló una preocupación que es común a mucha gente y que tiene que ver con la evidente impunidad que permite a los ladrones de  estos equipos telefónicos activarlos rápidamente en cualquier de la compañías de telefonía que operan en el país. Como todos sabemos, cientos de ciudadanos son despojados cada día de sus celulares en las calles del país. Esa oleada incontenible de ratería es estimulada, ni más ni menos, que por la facilidad con que los pandilleros pueden reingresar al mercado los botines de sus robos, y sobre cuya procedencia nadie hurga. Se dice que los ladrones de celulares adquirieron una tecnología en el exterior que les facilita el blanqueo de sus artículos mal habidos. Sin embargo, parece inaceptable que las autoridades no  hayan logrado  aquí una respuesta para  esa novedad delictiva.

Chatarras rodantes

Una de las consecuencias de la depreciación del peso en los últimos años fue la contracción de la demanda de autos utilitarios y de otras categorías, cuyos precios se dispararon. La importación en los últimos tres años apenas llegó a las 7,000 unidades, cifra que fácilmente se alcanzaba antes en menor tiempo. Un efecto palpable del estrangulamiento de la renovación del parque vehicular privado  consiste en que el propietaro común trata de alargar al máximo la vida útil de su medio de transporte, y por eso la capital está virtualmente invadida por muchos vehículos en pésimas condiciones. Los choferes de carros públicos son los principales artífices  de la proliferación de cacharros. Cualquier congestionamiento de tránsito en la avenida Duarte produce la sensación  de que, de repente, todo un depósito de chatarras ha cobrado vida. Si  de buenas a primeras las autoridaes aplicaran las normas sobre las condiciones que deben reunir los vehículos para poder circular, habría un problema social serio con miles de personas impedidas de ganarse la vida en el llamado concho. 

TLC: ¿caso perdido?

La repercusión final al impuesto de 25% a las bebidas elaboradas con sirope de maíz será, según todas las señales, que la República Dominicana se convierta en la cenicienta del nuevo mercado  libre llamado a incluir a toda Centroamérica y  Estados Unidos. Lo irónico es que adversarios y defensores del gravámen conciden en reconocer que el tal impuesto no representa en términos reales un peso económico importante para nadie. No hay  la posibilidad de que se desarrolle un uso significativo del edulcorante en nuestro medio ni de que  el mercado local, minúsculo y débil, interese mucho a los industriales norteamericanos del sirope. Lo grave es que a fin de evitar que los dominicanos se salgan con la suya en un asunto menor, y sienten un precedente negativo  al forzar a una modificadción de lo convenido, Washington opte por dejar al país fuera de un esquema del comercio al margen del cual sería difícil que las pequeñas economías de la zona salgan adelante.