QUE SE DICE
Sucedió otra vez

Es probable que todavía al día de hoy no sepamos a cuánto asciende, en números redondos, el definitivo saldo de víctimas del naufragio ocurrido en las costas de Luperón, Puerto Plata, donde las brigadas de rescate continúan arrebatándole cadáveres al inhóspito oceano Atlántico. Se habla, como siempre, de militares involucrados en la organización del fatal viaje, de poderosas complicidades y oportunos silencios que lo hicieron posible, pero tarde o temprano todo terminará, como siempre, relegado al olvido, pero solo hasta la próxima tragedia. ¿Por qué siguen ocurriendo estas cosas, por qué se repiten, de cuando en cuando y de vez en vez, las mismas escenas de dolor desgarrante? La palabra clave, preciso es repetirlo, se llama impunidad, la falta de sanción y castigo para aquellos que se lucran, por acción u omisión, de la desesperanza que florece silvestre donde abundan la pobreza, la ignorancia y el atraso.

Desmentido

Mucho tardó el inexplicable hermetismo que rodea los resultados de la consulta a las bases perredeístas en convertirse en un problema para sus auspiciadores, que ahora tendrán que emplearse a fondo para desmentir las versiones periodísticas que dan cuenta del repudio que habría expresado la militancia a la dirigencia, a la que piden -según las versiones- la renuncia en pleno. Doña Milagros Ortiz Bosch, quien encabeza la Comisión de Reforma y Modernización que propició el sondeo, ha negado de plano esos resultados, y agregó que no fue hasta al día de ayer cuando los entregó, para su posterior conocimiento en la Comisión Política, al licenciado Vicente Sánchez Baret. Doña Milagros se ufanó, incluso, por ser el PRD el primer partido en América Latina en llevar a cabo un proceso autocrítico a niveles tan profundos, como podría ser el primero también -aunque eso no lo diga, por razones obvias, la ex secretaria de Educación- en el que su dirigencia es barrida de un plumazo por el descontento de su militancia.

Reacción tardía

A no pocos ha resultado francamente desafortunada, para no usar otro calificativo, la propuesta de modificación a los estatutos del PRD dada a conocer ayer por el doctor Rafael Suberví Bonilla, que entre otras cosas plantea la prohibición de la reelección presidencial como una forma de regresar a los principios que dieron origen al partido, principios que fueron promovidos, de manera incansable hasta el mismo día de su muerte, por el doctor José Francisco Peña Gómez. Lo que mucha gente debe estarse preguntando en estos momentos es porqué esperó tanto tiempo el secretario general perredeísta para reivindicar la validez de unos principios que no tuvo el coraje, en su momento, de enarbolar, para terminar doblegándose ante el aplastante peso del reeleccionismo de Hipólito Mejía y el PPH. ¿Qué sentido tiene proclamar ahora, sobre los escombros del PRD, que el licenciado Hatuey Decamps -expulsado de la organización por “alta traición”- tenía finalmente la razón?