QUÉ SE DICE
Vade retro comisión!.- 

CLAUDIO ACOSTA
c.acosta@hoy.com.do 
¡Va a dar mucho de qué hablar la decisión del pleno de la Junta Central Electoral de rechazar  la intervención de comisiones extrañas  a la institución en las próximas elecciones, tal y como han sugerido  sectores políticos y de la sociedad civil, decisión que, según el presidente del tribunal de comicios, el doctor Julio César Castaños Guzmán, expresa  el celo con que asumen sus miembros la soberanía del organismo, al extremo de que decidieron adelantarse a cualquier posibilidad en ese sentido solo “por si las moscas”.

Y va a dar de qué hablar porque ese anuncio se produce, vaya paradoja, justo en medio de las gestiones que encamina monseñor Agripino Núñez Collado, quien ayer logró juntar en su casa a los secretarios generales de los tres principales partidos  para coordinar acciones que eviten enfrentamientos que deterioren aun más el clima electoral, diligencias que inició luego de que fracasara el encuentro auspiciado por el tribunal con ese mismo propósito y con los mismos protagonistas. ¿Va dirigida la anticipada acción del Pleno de la JCE a contener esas acciones y diligencias, así sea para recordarle a nuestro mediador por excelencia que en esta oportunidad no puede pasar de ahí? Puede que sí, puede que no, pero como la imaginación es libre, cada quien  saca las conclusiones que mejor se acomoden a su entendimiento. 

De lo que no hay dudas es de que los actuales miembros de la JCE han sido firmes y reiterativos cada vez que les ha tocado  la oportunidad  de defender su capacidad de organizar unas elecciones confiables y libres de cuestionamientos, y aunque solo sea para honrar esa firmeza de propósitos vale la pena tomarles la palabra. ¿Y saben por qué?   Porque ha llegado el momento de   que la  democracia dominicana institucionalice, de una vez y para siempre,  sus procesos electorales, sin que exista la necesidad  de invocar injerencias extrañas para poder salir del atolladero. Pero para que eso ocurra hace falta que los miembros de la  JCE   se comporten a la altura de la autoridad de la que están investidos y que los partidos muestren  mayor respeto y confianza en el único árbitro del juego,  mas que nada para  que se abstengan de llamar a San Agripino desde que les canten la primera jugada que no resulte de su agrado o  conveniencia.